Dos periodistas del programa se hicieron pasar por alumnas del curso de formación de tripulantes de cabina y, una vez superado, trabajaron a bordo durante más de cinco meses. Durante este tiempo, grabaron en imágenes episodios de la vida diaria de la compañía que constituyen graves incumplimientos de la normativa en aspectos claves como la seguridad, las condiciones de trabajo y formación y la atención en cabina.
Las falsas alumnas tuvieron que pagar 1.400 euros por el curso formativo, que las aerolíneas ofrecen habitualmente de forma gratuita, y 25 euros al mes por el uniforme. Durante las clases se les permitió copiar en los exámenes y recibieron dudosos consejos de atención al pasajero, como ignorar al ocupante del asiento 1A durante una emergencia en los aviones de la serie 200, debido a que una barra metálica utilizada para bajar la escalerilla le aplastaría en caso de impacto y moriría en el acto.
Otros incumplimientos se refieren a los pases del personal para circular por las instalaciones aeroportuarias, en muchos casos caducados, sin el preceptivo informe policial y al alcance de cualquiera que se proponga falsificarlos; o a turnos de trabajo excesivos que llevan a los tripulantes a dormirse de puro cansancio durante las guardias. El hecho de que los aviones de Ryanair permanezcan solo 25 minutos en tierra entre vuelo y vuelo permite sólo una limpieza superficial de la cabina. Las imágenes con cámara oculta evidencian los comentarios de los tripulantes ante el fuerte olor que desprenden los baños, que sólo se limpian una vez al día. Especialmente llamativo es el caso de un pasajero que vomita sobre su asiento y, ante la falta de tiempo material para limpiar el vómito antes de que llegue el pasaje del vuelo siguiente, el mal olor es cubierto deprisa y mal con un frasco de colonia que otro pasajero olvidó en su equipaje de mano.
El reportaje recoge numerosos testimonios de empleados que, amparados en el anonimato, critican abiertamente la política de la compañía de ahorrar hasta el último céntimo con el argumento del bajo precio del billete. “El pasajero no paga casi nada por su billete y Ryanair le lleva, pero si no puede llevarle, se j…”, resume gráficamente un piloto. Esta “filosofía” no cambia ni siquiera en casos de retrasos prolongados, cuando la demora dura varias horas y hay bebés a bordo. Con motivo de un retraso en el horario de salida un avión desde un aeropuerto español, la cámara registra un forcejeo verbal entre un pasajero y el comandante del avión, que se niega obstinadamente a distribuir bebida entre el pasaje y admite que, de hacerlo, con toda seguridad perdería su empleo.
Con motivo de la emisión del programa, Ryanair emitió un comunicado en el que desmentía la mayoría de incidentes denunciados en el reportaje y aseguraba cumplir con todas las normas laborales y de seguridad que exige la normativa europea y las de los países en los que opera.
fuente: preferente.com

