por Rob Crossan, Condé Nast Traveler
Parece más que comprobado que este viajero e historiador de la Grecia antigua llegó a las pirámides de Giza, y probablemente también viajó a Babilonia (aunque se le olvidó mencionar los Jardines Colgantes en sus escritos), pero junto a las siete maravillas del mundo también pasaron a la posteridad los relatos supuestamente reales de hombres con cabeza de cabra y hormigas buscadoras de oro grandes como zorros.
Puede que, en comparación con estas imposibles rarezas, estas nuevas siete maravillas del mundo parezcan casi aburridas por su tozuda insistencia en asentarse única y exclusivamente en la realidad… aunque no por ello despiertan en nosotros un menor sentido de la maravilla.

Matera, Italia
Como Capital Mediterránea de la Cultura y el Diálogo en 2026, Matera acogerá durante un año un popurrí de artistas, exposiciones, talleres, proyecciones de películas y actuaciones en directo que explorarán el tema de Terre Immerse, es decir, ‘tierra inmersa’. E inmersivo es el adjetivo que se te vendrá a la cabeza mientras sucumbes poco a poco al incomprensible laberinto de calles y callejones en lo que sigue siendo una región remota del sur de Italia. En esta zona llena de cuevas paleolíticas (en las que vivieron familias y ganado hasta los años 50, y algunas de las cuales se han convertido ahora en hoteles de lujo) puedes pasar los días explorando sus enrevesadas escaleras, sus gargantas de vértigo, sus barrancos rocosos y el antiguo palacio barroco.

Parque Nacional Banff, Canadá
Siendo el parque nacional más antiguo de Canadá, Banff lleva tiempo siendo conocido por el esquí; se podría decir que demasiado. No tanto por las multitudes (que pueden ser importantes pero sin llevar a los niveles de Aspen o los Alpes franceses), sino por el hecho de que la pista distrae de otros placeres igual de embriagadores, como por ejemplo la equitación, la escalada, las canoas y el senderismo en los meses más cálidos. Ahora se puede explorar esta región rica en lagos turquesas, valles boscosos y prados de estilo alpino en tren, gracias a una ruta que se estrena en 2026 y que conecta Banff con el Parque Nacional Jasper. El trayecto, gestionado por Rocky Mountaineer, estará disponible solo entre junio y julio, y se recomienda reservar con antelación, ya que en este mismo periodo Canadá será anfitriona de los partidos de la Copa del Mundo. Entre los extras del tour se incluyen un trayecto en funicular hasta la cima de Sulphur Mountain y un emocionante viaje en todoterreno Ice Explorer al glaciar Athabasca, uno de los campos de hielo más grandes fuera del Círculo Polar Ártico.

Bradford Pennine Gateway, Reino Unido
Una de las reservas de naturaleza King Series que está creando el monarca regente, Bradford Pennines Gateway, forma parte de una iniciativa a nivel nacional para proteger y celebrar la herencia natural de Reino Unido, impulsar la biodiversidad y dar a las comunidades locales un acceso mejor a la naturaleza. Esta región de 1.272 hectáreas, en la que vivieron y que amaron las hermanas Brontë y que incluye Ilkley Moor, Peninstone Hill Country Park, Harden Moor y Bingley North Bog, transmite un aire estoico y discreto, no muy distinto al del propio rey Carlos.
Justo en el borde de las tierras altas en las que Bradford empieza a desvanecerse en una miríada de brezos, los paisajes exhiben su dramatismo lleno de personalidad: páramos ondulantes, arenisca desgastada por el viento y vistas que se desmenuzan en extensiones infinitas y melancólicas en las que solo se oye el lento batir de alas de los aguiluchos del humedal. Las nuevas rutas de senderismo unen los viejos pueblos laneros de Haworth, Stanbury y Thornton como un telar de viaje slow, con senderos señalizados que te dirigen hacia puentes medievales, cascadas secretas y un pub o dos en los que aún entienden lo que es una pinta bien servida. Si Reino Unido necesitaba que le demostraran que no hace falta ser escandaloso para sorprender, Bradford Pennines Gateway es una muestra de aplomo discreto.

Djémila, Argelia
Argelia es el país más grande de África, pero décadas de agitación social la han convertido en una de las naciones menos visitadas del continente; ahora, un (pequeño) número de visitantes se están enfrentando al papeleo necesario para conseguir el visado de turista. Sin duda, el punto más fuerte del norte del país está en las ruinas romanas de Djémila, tanto que hemos querido incluirlo en nuestra lista de siete maravillas del mundo. Fundada por el emperador Septimio Severo como ciudad de jubilación para centuriones ancianos, la ciudad mantiene intactos sus foros, basílicas y arcos, recortados en un espacio arenoso entre las montañas contra el azul del cielo. Aquí se vendían olivas y lanas en los mercados de la antigüedad, los carros dejaban surcos en los caminos y la gente creía que la altitud les acercaba a los dioses, pero lo más intrigante es que los arqueólogos afirman que, a pesar de la enormidad de las ruinas, se ha desenterrado menos del 40% hasta la fecha.

Islas Feroe
Puede que este archipiélago del Atlántico Norte lleno de acantilados, tejados de césped y lanudo estoicismo no sea el destino más popular para los españoles, pero lo cierto es que no podríamos tenerlo más fácil, ya que nos separan menos de cuatro horas de Barcelona a Sørvágur con la línea directa de Atlantic Airways, la aerolínea nacional de Feroe. Aquí puedes elegir entre observar a los frailecillos mientras recorres los caminos de los acantilados, navegar en kayak por la costa o simplemente explorar pueblos como Gásadalur y Saksun, que parecen sacados de algún mito antiguo. Tórshavn sigue en alza con su reputación de capital pequeña pero con restaurantes capaces de competir con los de cualquier gran ciudad del mundo, y de todos ellos ninguno supera en creatividad a Raest, galardonado por Michelin, donde los placeres marítimos de la isla (totalmente desconocidos para quienes vienen de latitudes más meridionales) como el sperðil y el skerpikjøt se sirven junto a algas recolectadas en la costa, erizo de mar y langostino.

Richtersveld, Sudáfrica
El Parque Nacional Richterveld, a un día en coche por la prácticamente desierta carretera de la costa oeste que abraza el océano Atlántico desde Ciudad del Cabo, es un inmenso paraje de cuarzo y granito de un aspecto casi alienígena puntuado aquí y allá por puntiagudos árboles de aloe, cúmulos de liquen y alguna que otra huella de leopardo. Este es uno de los rincones más remotos de Sudáfrica, justo al borde de la frontera con Namibia, y uno de los menos visitados. Aquí no verás ningún león, pero hay una miríada de atracciones inolvidables, ninguna de las cuales supera la vívida belleza de las surrealistas pinturas en muchas de las piedras esparcidas por el parque. Con una antigüedad que va de los 200 a los 10.000 años, se cree que estas imágenes representan visiones que experimentaron los resilientes (y aún presentes en la zona) nama durante un estado de trance inducido por los bailes curativos de los chamanes. El reinaugurado Tatasberg Wilderness Camp está a un tiro de piedra del río Orange: estos chalets de piedra y madera son enteramente autoservicio, así que tendrás que traer tus provisiones contigo antes de llegar aquí, ya que no hay ni restaurantes ni tiendas a varios kilómetros a la redonda. Pero la falta de servicio de habitaciones o de carta de vinos se te olvidará mientras observas el atardecer desde tu terraza, percibiendo por el rabillo del ojo a los pigargos vocingleros y las cebras de montaña.

Parque Nacional El Imposible, El Salvador
El Imposible sigue siendo una de las zonas naturales más desconocidas de América Central, algo que resulta extraordinario cuando pensamos en todo lo que ofrece: hondos cañones, pumas poco comunes y cascadas que desembocan en lagunas secretas. Lo mejor de la vista es recorrer el traicionero camino que siguen los agricultores para transportar su cosecha de café desde estos picos coronados de nubes hasta la ciudad portuaria de Acajutla. Este viaje de ocho horas en mula implicaba, en su momento, atravesar un risco por un camino de solo unos centímetros de amplitud, con una caída de 2.500 metros a un lado y de 3.000 al otro; las mulas que recorrían este tramo lo hacían con los ojos tapados para evitar que se asustaran. Ahora se ha construido un puente rudimentario, y los productores de café siguen haciendo que sus animales de carga los atraviesen. En un extremo se encuentra una sencilla placa en la que puede leerse “Mayo 1968 – dejó de ser imposible”.
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