Si bien los paradigmas, en tanto mentalidades o espíritus de época, se reemplazan con diversa frecuencia según qué parte del mundo miremos, la conciencia medioambiental se viene consolidando sobre la base de lo que la ciencia señala en materia de deterioro de nuestro hábitat, tanto como lo que las autoridades políticas y los/as representantes del tercer sector afirman en cuanto a lo que hoy se espera de las organizaciones.
Así, el World Economic Forum publicó el mes pasado, como parte de la Agenda de Davos, un informe en el que se destaca que “el COVID-19 ha creado un sentido de urgencia para que las empresas mejoren sus credenciales de sostenibilidad”.
Según advierte el organismo, “algunas empresas no se están adaptando lo suficientemente rápido a esta mentalidad de disrumpir para no ser disrumpido (…) Incluso en un año dominado por una pandemia, la revolución de la sostenibilidad se ha acelerado más rápido de lo esperado, al tiempo que se expandió para incluir una gama más amplia de problemas ambientales y sociales”. -el resaltado me pertenece-
En este marco, la descarbonización, por ejemplo, ya es parte de los objetivos de buena parte de las ciudades que lideran los rankings de Smart Cities - ej.Copenhague-. De hecho, hace poco se conoció la controversia entre las autoridades de la ciudad de Tokio y el CEO global de Toyota, como resultado del plan de eliminación de coches a combustible con miras a 2035.
Mientras que se impulsa la intención de reducir a cero la emisión de dióxido de carbono para esa fecha, Akio Toyoda, máximo responsable de la empresa japonesa, advirtió que la migración de toda la gama de vehículos de la marca hacia la energía eléctrica encarece la producción y significa consumir niveles de electricidad que hoy la ciudad no posee.
Sin embargo, por su parte, Volvo hace años que inició su transición. Las unidades del transporte público de pasajeros en ciudades como Bogotá, Curitiba, Santiago de Chilefabricadas por Volvo, son híbridas, por lo que funcionan utilizando energía de combustión fósil tanto como electricidad.
Es claro que se trata de una etapa de transición, y resulta un aliciente, sobre todo considerando que los datos referidos a la huella de carbono no dan lugar a dudas: el sector del transporte es la principal fuente de contaminación atmosférica de las ciudades en Europa, según señaló la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). en 2018. Este organismo de la Unión Europea también indica que el 13% de las partículas contaminantes presentes en los 28 países de la Unión Europea provienen del transporte por carretera.
Mejorar la calidad de vida en las ciudades significa, evidentemente, mejorar el aire que respiramos. Con ello, además, les dejamos a las generaciones venideras, un mundo más vivible. Y en ello, las ciudades tienen un rol protagónico.
Así, y sumándose a esta tendencia, la alcaldesa de Paris, Anne Hidaldo, anunció hace unas semanas la "transformación verde" de una de las avenidas más famosas del mundo: "Champ Elysee
Con consumidores e inversionistas que exigen cambios significativos, con grupos de ganancias que se desplazan de los titulares a los insurgentes e incluso las empresas con más emisiones de carbono que hacen promesas de cero neto, algunos ignoran esta revolución en su perfil. Y no se equivoque: esta es una verdadera revolución. Con cada industria, casi todos los productos y la mayoría de nuestros hábitos bajo escrutinio, sería minimizarlo llamarlo de otra manera.
Con esta marcada tendencia hacia una mayor conciencia ambiental, creo que no cabe dudas que "ciudades inteligentes" son y serán ciudades que se re-diseñen y re-piensen de forma sostenible. No en vano, la ONU aborda la temática de "Smart Cities" llamándolas "Sustainable Smart Cities".
Es así que no podemos pensar en innovaciones y tecnologías aplicables a ciudades que no consideren sus impactos socio-ambientales.
Portal de América - Fuente: Lucía Bellocchio en Linkedin

