Apenas nueve años después de que otro volcán islandés, el Eyjafjallajokull, provocara la paralización de la actividad de la aviación en Europa durante aproximadamente una semana, podríamos estar a las puertas de algo similar que, por el momento, se limita a una alarma.
En todo caso, tomemos algunas precauciones. Es verdad que Islandia tiene erupciones importantes cada aproximadamente diez años, pero eso no sigue un patrón temporal determinado. Y también es cierto que las grandes erupciones han sido tan inesperadas que los vulcanólogos no las anticiparon. En cambio, este anuncio de ahora podría ser o no ser real; podría o no corresponderse con una eventualidad. Incluso si se produjera una explosión volcánica, la incidencia depende del viento en los días posteriores, no siempre apuntando hacia Europa como sucediera en el caso del 2011.
Las cenizas de los volcanes forman nubes que llegan a alturas importantes obligando a los aviones a tener que aterrizar porque son capaces de bloquear sus motores. Este tipo de incidentes ocurre con cierta frecuencia en el sureste asiático.
También es cierto que si debiera de haber una eclosión de un volcán, tal vez el mejor momento sea ahora, cuando de todas maneras la mayor parte de las flotas de las aerolíneas están en tierra debido a la fuerte caída de la demanda.
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