Por esta razón y tras el informe concluyente de la investigación del accidente, el fabricante norteamericano ha decidido “adaptar” los 7.000 modelos más antiguos para evitar nuevas tragedias, publica La Razón.
Tras las investigaciones, se concluyó que el accidente, que se produjo en un avión Boeing 737-700 a 32,000 pies de altura (9753 metros), se debió a que un aspa del ventilador con una grieta que no había sido detectada se rompió y golpeó la carcasa del motor. La fuerza del impacto causó que parte de la carcasa se desintegrara y como consecuencia de la explosión, la estructura de la aeronave quedó dañada a la altura del asiento 14A, lo que provocó que “la ventana saliera del avión”.
La pérdida del elemento del fuselaje hizo que la cabina se despresurizara rápidamente y la pasajera del 14A, Jennifer Riordan, fue succionada parcialmente por la ventana. Los pasajeros y la tripulación pudieron sujetarla, evitaron que saliera despedida y la arrastraron a la cabina, pero las graves heridas sufridas por Riordan le provocaron la muerte poco después.
Un mes después del accidente, otro avión de Boeing de Southwest Airlines sembró el pánico de los pasajeros al realizar un aterrizaje de emergencia después de que se rompiera una de las ventanillas de la cabina.
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