Los científicos han dado la alarma que, como sabemos, nadie escucha hasta que no se puede volar. Dicen que el volcán Katla –al menos su nombre es pronunciable, no como su vecino Eyjafjallajokull, que tuvo la erupción hace ocho años– está mostrando claros signos de que va a entrar en actividad por primera vez desde 1918.
Los científicos dicen que no hay duda de que habrá una erupción pero ahora mismo no saben cuándo la acumulación de gases que están notando llegará a desbordarse.
Katla es un volcán raro porque no es visible. Su cono está debajo de un glaciar lo que hace su seguimiento extremadamente complicado. Pero con sistemas de medición externos, se ha llegado a la conclusión de que está almacenando grandes cantidades de dióxido de carbono. Sus cámaras interiores están llenándose y puede indicar una gran erupción en un momento dado, no precisado.
La coordinadora de estos temas en el Instituto Meteorológico de Islandia, Sarah Barsotti, ha indicado que no hay posibilidades de aventurar cuándo ocurrirá la erupción.
Como se recordará por la experiencia de 2010, las erupciones pueden provocar que el espacio se llene de micro partículas que impiden el vuelo de los aviones, salvo que tengan unos filtros que impidan el daño a los motores. Con ocasión de la erupción del volcán Eyjafjallajokull, al menos Easyjet procedió a instalar un filtro para poder volar pese a estas emisiones. No se conoce qué hicieron otras aerolíneas.
Con motivo de este evento, el cielo europeo quedó virtualmente paralizado, especialmente en el entorno de Escandinavia y Gran Bretaña. Las repercusiones de la suspensión de vuelos durante días y días fueron espectaculares, con miles de pasajeros viajando en barcos o en trenes. Muchos vuelos dirigidos al Norte aterrizaban en España y desde aquí sus pasajeros continuaban en otros medios de transporte.
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