A las últimas reuniones que convocó Fomento no faltó ni uno de los más altos directivos de las aerolíneas. Esta vez ha sido totalmente diferente. Están indignados por el servicio que presta el ministerio, especialmente su agencia AESA, y la gota que ha colmado el vaso ha sido la campaña mediática de Fomento para presentarse como salvadores de una situación de la que tienen una parte notable de culpa.
Los presidentes, dueños y directores generales de las aerolíneas suelen acudir sin rechistar cuando les cita la autoridad pública de transporte. Gran parte de su cuenta de resultados depende de ellos, y rehuyen en todo momento de cualquier descortesía. Las tasas aeroportuarias o la regulación son aspectos clave, así como por supuesto la concesión de permisos.
Precisamente este punto es el más irritante para las aerolíneas. Mientras desde Fomento se les abronca con toda la publicidad posible por sus retrasos o cancelaciones, al mismo tiempo las compañías aéreas no pueden poner a volar aparatos por los retrasos desproporcionados en la recepción de la licencia para sus aeronaves. Todas las aerolíneas son víctimas de la lentitud extrema de la AESA más allá de los límites razonables.
Las aerolíneas españolas tienen que afrontar costes de millones de euros por tener aviones en tierra, que obviamente dificultan la operativa cuando hay algún incidente. Pese a tener un aparatos sin poder volar, las compañías tienen que hacer frente a múltiples costes, como el de personal o mantenimiento. En el resto de países la lentitud no es tan exagerada, y ello ha contribuido a que la aviación de capital nacional ha quedado reducida a casos de muy poco tamaño, estando las principales operadoras en España en manos de capitales extranjeros.
Vueling o Air Europa Express son algunas de las compañías que están a la espera de licencias. Un caso aparte es el de Plus Ultra, que le llevó años lograr el AOC. Las asociaciones presentes en la reunión han hecho hincapié en este punto, pues creen que la ministra desconoce la dilatación enorme en la AESA a la hora de autorizar licencias.
Con todo ello, ni Juan José Hidalgo, ni Luis Gallego, ni Javier Sánchez Prieto, los primeros ejecutivos de las tres grandes aerolíneas nacionales, han acudido a Fomento. Han enviado a lugartenientes como Manuel Panadero o Valentín Lago, o sus directores jurídicos. Las grandes charter del país ni siquiera han estado presentes en la reunión presidida por la ministra Ana Pastor.
Ante este cúmulo de bajas, Fomento ha distribuido en su nota de prensa una foto en la que solo aparecen los políticos, a diferencia de las últimas veces, donde había una foto de grupo con todos los más altos directivos de las aerolíneas. El populismo de Fomento con la crisis de Vueling —en privado lo llaman “paripé”— y su muy deficiente servicio —“ridículo”, en referencia al cierre de una pista en El Prat este mismo lunes por un agujero, revelando problemas de mantenimiento—, marca un punto de inflexión en la relación entre el ministerio encargado del transporte en España y las compañías aéreas del país.
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