Argentina: la cuestión de Uber
Miércoles, 30 Marzo 2016

Argentina: la  cuestión de Uber

El intento de Uber para desembarcar en varias ciudades del país puso en pie de guerra al gremio de los taxistas, por un sistema desarrollado a partir de internet y la telefonía celular que genera un nuevo servicio de autos con chofer, no es más que eso.


por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires

Recuerdo que hace algunos años el personal del metro porteño generó un conflicto porque Metrovías, pretendía reemplazar la función de los llamados “boleteros” por máquinas expendedoras de boletos, con el argumento que se afectaban fuentes de trabajo, lo que visto linealmente era y es cierto.

Levy Yeyati escribía días pasados en La Nación que: “…En la Argentina, en un contexto de estancamiento, con motores de crecimiento histórico de baja demanda relativa de trabajo, y con una distancia creciente entre la formación de los estudiantes y las necesidades de nuestras empresas, la inevitable apertura tecnológica puede profundizar la caída de la participación laboral y la concentración de ingresos y riqueza. Entre otras razones, porque nuestra fuerza laboral es intensiva en calificaciones medias y está particularmente expuesta al reemplazo, como lo refleja nuestro primer puesto en el ranking del Banco Mundial que ordena a los países según el porcentaje de sus empleos que son reemplazables por la automatización”.

Esta cuestión de la automatización y el desarrollo tecnológico presenta nuevos y cada vez más difíciles desafíos para la gente, dado que si fundamentalizáramos la cosa llegaríamos idealmente a una situación en la que la demanda de trabajo se reduciría a un mínimo insostenible socialmente.

Que es en cierto modo la conclusión que se puede extraer de la nota de Levy Yeyati.

Sin embargo, no comparto ese fatalismo ya que pienso que la cuestión de Uber no es en realidad una cuestión de “empleo vs. productividad”, como lo podría ser el caso de las maquinas expendedoras de boletos, sino más bien de un sistema de “taxi” o “remis” de otra calidad. Uber no es un sistema, al menos por ahora, que reemplace a los choferes por robots, sino que es en definitiva un aprovechamiento de la tecnología al alcance de todos sin afectar fuentes de trabajo, ya que es de suponer que con el correr del tiempo, el sistema de taxis y remises será reemplazado por uno más “Uber”, pero siempre se necesitarán choferes. Ese avance es irremediable.

Uber más bien se trata de un tema de otra calidad, que me parece mejor a la actual en el servicio de taxis y remises.

Pensándolo con lógica, todos los actuales taxistas tendrían  que querer ser Uber en vez de oponerse al nuevo sistema, como ocurre no sólo en Buenos Aires, sino en otras varias ciudades, entre ellas Montevideo.

La ciudad de Buenos Aires  arguye que el servicio de taxi solo puede ser solicitado por teléfono o en la calle, pues bien, deberá agregar o por internet y debe dejar en la iniciativa privada la mejora de la calidad de este servicio público llamado “impropio” que son aquellos servicios de necesidad pública que el estado sólo reglamenta, como es también el de farmacias, por dar otro ejemplo. En este sentido la ciudad está atrasada en su legislación.

Esta “resistencia heroica” a una mejor calidad, demuestra cómo  las sociedades en general se van calcificando lo que de algún modo, para mí es una especie de “desculturización” ya que estaría demostrando nuestra incapacidad para descubrir nuevas formas de vida.

Me haría una pregunta, es que habría que invertir menos en ID o es que, como decía antes, necesitamos una educación  que nos prepare a vivir en esta nueva era cuyo comienzo, los historiadores del futuro fijarán muy probablemente a partir de internet.

Ortega habló  en 1930 y pico de la “misión de la Universidad”, no tendremos que volver a plantear cual es la “misión de la educación”, y probablemente la jornada de trabajo se deba reducir  a mínimos insospechados, surgirán  nuevas actividades que tendrán que ver  en definitiva con una nueva estética de la vida.

Probablemente dentro de cien años, cuando los historiadores relaten nuestra época, digan “…pobre gente, eran esclavos, trabajaban, seis, ocho o diez horas por día…”

Mi conclusión, la cuestión no es Uber, es una negativa a dar  un paso de calidad en la prestación de un servicio público impropio aprovechando la tecnología disponible, y eso es una atrofia de nuestra forma de pensar.

Es curioso, decimos que debemos incrementar los recursos para ID, pero nos negamos a usar sus adelantos….en ese caso quizás habría que prohibir ese tipo de inversiones, ¿no lo cree…?

Portal de América

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