Cataluña descubre que Airbnb no crea empleo turístico
Misteriosamente, la izquierda emergente se ha declarado a favor de permitir el alquiler de apartamentos residenciales para los turistas. Digo “misteriosamente” porque en parte es una postura contradictoria con la creación de empleo, con la aglomeración de viajeros en ciertas partes de la ciudad, y en parte con los postulados tradicionales de la izquierda. Pero como estos asuntos funcionan a modo de consignas, allá vamos todos.
Estos días, sin embargo, la Generalitat de Cataluña ha afrontado el tema, para afirmar que estas prácticas provocan aumento del tráfico en los aeropuertos, pero que, sin embargo, no crean empleo.
No sólo eso, para horror de unos ecologistas hoy anestesiados, los apartamentos para turistas provocan igual consumo de territorio que la hostelería, porque suponen coches para desplazar esos viajeros, centrales eléctricas para darles la luz que consumen, depuradoras de aguas residuales para procesar las aguas negras que generan, terminales y pistas de aeropuerto porque llegan fundamentalmente vía aérea, más supermercados porque compran por la calle, más polígonos industriales porque se requieren infraestructuras para atenderlos. Y a cambio de todo este impacto ambiental, que también causan los turistas de la hostelería tradicional, los de apartamentos no crean empleo. Felip Puig, el consejero de Empresa y Empleo de Cataluña, se preguntaba estos días ¿cómo es posible que Cataluña viva el mayor ‘boom’ de la demanda turística que se recuerda y, sin embargo, no aumente el empleo en el sector? Puig echa la culpa a empresas del estilo de Airbnb del escaso aumento de empleo turístico pese al crecimiento del sector en los últimos años. “¿Qué oferta turística estamos potenciando?” en Cataluña, se pregunta Puig. “Qué oferta turística estamos potenciando en el conjunto de España?” nos deberíamos preguntar todos, porque por todo estamos actuando casi en la misma línea.
Los datos catalanes no arrojan sombra de duda: mientras nunca antes los datos aeroportuarios habían sido tan impresionantes, la ocupación de los hoteles tradicionales baja un 2.7 por ciento, lo que es un aldabonazo de alarma para comprender qué está ocurriendo.
El consejero de la Generalitat hacía referencia a Airbnb (“ese gigante de la intermediación que ya sabéis quién es”, dijo) para señalar que estas empresas “no son economía regulada, no suponen contrataciones y no generan altas en la Seguridad Social”. Sin embargo, nuestros nuevos políticos parecen estar seducidos por ellas.
Sin embargo, esta evidencia de que tras el modelo Airbnb hay mucho que estudiar, porque sus consecuencias son muy graves, no parece despertar la atención de la nueva izquierda y tampoco de los sindicatos, que súbitamente parecen no tener mucho interés en estos asuntos. El razonamiento es que hay mucha gente que tiene viviendas y que lo ha pasado muy mal durante estos años, a quienes no se les puede impedir alquilar su apartamento. ¿Por qué? Entiende esta izquierda que hacerlo supondría beneficiar a los hoteleros. Y esto sí que no lo perdonan. Da igual todo: van a por los hoteleros, a quienes consideran la fuente de todos los males. Pero, mientras, nos estamos metiendo de lleno en un problema fantástico. Con tal de agredir a los empresarios del sector, da la impresión de que vamos a optar por atacarnos a todos.
Portal de América
La economía colaborativa bajo lupa
Domingo, 20 Diciembre 2015
Una y otra vez, desde los organismos oficiales repiten que el turismo genera empleo de calidad y es la actividad que provoca el mayor derrame en la economía. La nota de Jaime Amador en preferente.com sobre la reacción de Cataluña va en sentido contrario.

