por Paloma Santamaría
Este viejo autobús destartalado pasó en pocos meses del abandonado absoluto a convertirse en un casa rodante con capacidad para trasportar a doce personas y para alojar a dos en cómodas camas individuales unidas entre sí.

El autobús estaba tan deteriorado que el estudio de arquitectura tuvo que reconstruir no solo el interior sino también el exterior así como todos los aspectos mecánicos.
La estrella del cambio fue sin duda el habitáculo para el que el cliente pidió recrear un ambiente retro, algo hippie, que sirviera tanto para transportar pasajeros de un lugar a otro como para su uso como casa de invitados.
Maderas de roble y pino combinadas con telas de alegres colores y lámparas años 60 completan un interior en el que tampoco falta un aseo individual con lavabo e inodoro.
Todo un autobús reconvertido en un auténtico hotel rodante listo para «quemar» la carretera 55 años después de salir del concesionario.
Portal de América - Fuente: www.abc.es

