Para Kazakhstán, la mala publicidad sí existe
Domingo, 06 Mayo 2012
Esta semana, el ministro del Exterior de Kazakhstán, Yershan Kasychanov, fue citado por medios de buena parte del mundo al asegurar que "desde que salió la película, Kazakhstán ha expedido diez veces más visados", en lo que reflejaría un espectacular crecimiento del turismo para el país.
por Daniel Flores
Se refería a Borat , nada menos, el satírico film de 2006 en el que el británico Sacha Baron Cohen personifica a un reportero de la televisión de ese país de viaje por Estados Unidos. Y que no deja precisamente bien parado a los kazajos (ni a los norteamericanos, al fin y al cabo), sino que los muestra como un pueblo primitivo y proclive a la criminalidad, el racismo, la procacidad y otras cosas que jamás se verían bien en uno de esos pósters que decoran las agencias de turismo. Lejos de aplaudir el falso documental, en su momento, el gobierno kazajo lo repudió y lo prohibió.
Basta ver la película en cuestión para imaginar la dura prueba a la que sometió al sentido del humor kazajo. Y basta conocer a un kazajo para comprender lo incómodo que es andar por el mundo con ese pasaporte a partir del estreno de Borat , cuando ante la mención de Kazakhstán la primera reacción de casi todo interlocutor es arquear las cejas y exclamar el título de la película entre risas.
Conocí a Yevgeniya Salagdinova durante un viaje de prensa en 2007, al año siguiente del año Borat . Periodista de viajes free lance kazaja, soportó un tour de una semana por distintos países en los que cada presentación social para ella comenzaba de la misma manera: con una explicación de por qué lo de Sacha Baron Cohen no era un reflejo de su país, siempre intentando demostrar su mejor humor, con buenos modos, pero también con mucho orgullo y necesidad de aclarar.
En la última escala, al llegar a un nuevo hotel, los periodistas de distintos países nos presentamos de a uno ante la gerente, que sólo pareció interesada en Yevgeniya. "¡Oh! ¡¿En serio sos de Kazakhstán?!", dijo la anfitriona, con lo que parecía una sonrisa irónica y que terminó con la paciencia de la enviada especial kazaja. "¡¿Y ahora qué me va a decir de Kazakhstán?!", se enfureció Salagdinova, que ya no era pálida, como antes, sino coloradísima y que parecía a punto de saltar sobre la hotelera. La gerente parecía confundida e incluso asustada: "Es que... todos los años voy a esquiar a Kazakhstán. Tienen unos centros de esquí que me encantan". La periodista se desarmó, igual que el momento de tensión, y pasó al otro extremo. Probablemente desde antes del estreno de Borat nunca se había sentido tan halagada por su país.
La vida es fácil cuando hasta en el último rincón del mundo la gente sonríe y dice ¡Maradona! o ¡Messi! cuando le decimos de dónde venimos. Pero no lo es tanto cuando lo primero que le viene a la cabeza es Borat .
Portal de América - Fuente: www.lanacion.com.ar

