Situada a escasos 20 kilómetros del puerto de Nagasaki y localización de una de las últimas películas de James Bond, Skyfall, la isla de Hashima se recorta contra el cielo gris de Japón como un fantasma, nombre por el que los nipones se refieren a la ínsula. Pero Hashima no siempre estuvo deshabitada, ni sus edificios vacíos y a punto de derrumbarse. Hace apenas cuarenta décadas esta isla fue el lugar más poblado del planeta, con más de 5.000 personas viviendo en un espacio que no superaba los 2Km2 y cuyo oficio era la extracción de carbón de la mina en la isla. Y es que éste, el carbón, siempre fue el motor de este fantasmagórico lugar desde que a finales del siglo XIX comenzasen a llegar sus primeros habitantes. Poco tardaron las empresas en ver en Hashima un lugar privilegiado para la explotación industrial del carbón y en 1890 Mitsubishi la compró y la adecuó para explotar este preciado recurso natural. Así fue como la isla fue habitada por los trabajadores de la mina y sus familias, alcanzando su máximo esplendor en la década de los 60.
La explotación de la mina de la isla no se vio interrumpida en ningún momento de su historia y lejos de quedarse estancada Hashima se sumó a la vanguardia arquitectónica del momento. En 1916, por ejemplo, cuando la población de la isla comenzó a aumentar se hizo necesaria la construcción de un nuevo edificio que ofreciera un mayor número de viviendas a los trabajadores y a sus familias. Esta nueva construcción se hizo en hormigón armado para paliar los posibles daños provocados por el mal tiempo y se convirtió en uno de los primeros edificios de Japón en emplear este material. Un año más tarde, en 1917, Hashima volvía a destacar al construir un nuevo edificio residencial denominado Nikkyu que con sus nueve pisos se convirtió en el más alto del país.
A pesar de que la isla contaba con casi todos los servicios que nos podamos imaginar, tales como un hospital, colegio, oficina de correos, comisaría, gimnasio, restaurantes, hoteles, cafés y hasta una pista de tenis, la privacidad de sus habitantes era muy reducida y el tamaño de las viviendas todavía más, alcanzando en raras ocasiones los 20 metros cuadrados. Tan solo había una única casa en toda la isla, que situada simbólicamente en el punto más alto pertenecía al jefe de la mina.
Las posibilidades de desarrollar una industria agrícola eran prácticamente nulas debido a la propia condición del suelo mineral de la isla. Con todo, fueron varios los habitantes de la isla los que en la década de los 50/60 comenzaron a llevar desde otros lugares tierra fértil con el fin de cultivar víveres en los tejados para así poder tener alimentos cuando las condiciones climáticas no permitiesen su llegada a través del mar.
A finales de la década de los 60 el carbón comenzó a ser sustituido por el petróleo como recurso energético lo que obligó a Mitsubishi a ir reduciendo paulatinamente su plantilla de trabajadores hasta que en enero de 1974 anunció el cierre definitivo de la mina, ofreciendo a sus trabajadores la posibilidad de reubicarse en otras fábricas de la empresa. Así fue como en menos de tres meses la isla quedó totalmente deshabitada, pasando de ser el lugar con mayor densidad poblacional del mundo a no albergar ni un alma.
Tras casi 30 años deshabitada, Mitsubishi donó en 2002 la isla a Nagasaki que permite su visita al público en general desde 2005. Con todo, el mal estado de muchas de las edificaciones impide que se pueda realizar una visita a la totalidad de la isla por lo que los visitantes solo podrán llegar a imaginar en sus mentes cómo vivieron los habitantes de Hashima durante casi 100 años. Casi un siglo en el que una isla de piedra y con aspecto de fortaleza impenetrable se convirtió en el hogar de miles de personas.
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