Una carrera y miles de historias
Domingo, 20 Octubre 2013
Terry-Ann Ramjus regresó a Miami por iuna semana este verano, de vacaciones entre dos semestres de sus estudios de optometría en Puerto Rico, y se hizo un ultrasonido, una mamografia, una biopsia y un MRI de su seno derecho. Pospuso el regreso a la escuela para esperar los resultados. Carcinoma ductal infiltrante, fase tres. “Nunca regresé”, dijo.
por Patricia Mazzei
Ramjus, de 32 años, quien vive ahora en Country Walk con su madre y su hermana, pasa la mayor parte de su tiempo como paciente de cáncer. Recibiendo quimioterapia. Inyectándose a sí misma en el estómago fármacos contra los efectos secundarios. Recogiendo sus óvulos.
Pero el sábado Ramjus no era una paciente. Era una sobreviviente.
La palabra la hace pensar en la canción de Destiny’s Child.
Pero allí estaba, survivor, impresa en su camiseta y su gorra de un color rosado frambuesa, que la identificaban en la 18 Carrera Anual por la Cura Susan G. Komen Miami/Ft. Lauderdale, como una de las aproximadamente 1,000 participantes que sufren de cáncer del seno.
“Cada una de ellas tiene su propia historia”, dijo un maestro de ceremonias.
Unas 20,000 personas corrieron o caminaron los 5 kilómetros en el downtown de Miami — por primera vez contra tiempo — para recaudar fondos para investigaciones médicas. El evento ha recaudado $12 millones durante los últimos 17 años. Corredores y caminantes vestidos para la ocasión con eslóganes en sus camisetas como “Rack Rescue” (“Al rescate del busto”), “Keep Calm and Fight Like a Girl” (“Mantén la calma y pelea como una chica”), y “Breast Man” (“Hombre al que le gustan los senos”).
Aunque su padre murió de linfoma en el 2010 y su tía también sufrió cáncer del seno, Ramjus nunca había asistido antes a la carrera. Fue diagnosticada el 1 de julio, poco más de un año después de ir por primera vez al médico para verse el seno. No encontraron nada fuera de tejido graso y denso, dijo ella.
Pero este año, al medirse para comprar un ajustador en una tienda de Victoria’s Secret, se percató de que había aumentado una talla. Sintió que un bulto le crecía, e hizo que su madre, que es enfermera, se lo palpara.
“Ella se alteró mucho”, dijo Ramjus.
“¿Crees de verdad que será benigno”, dijo su hermana de 35 años, Melissa.
El diagnóstico fue una puñalada por la espalda. Ramjus llevaba un año estudiando optometría, después de trabajar siete años como maestra de estudios sociales en una secundaria para ahorrar para sus estudios de postgrado. Necesitaría quimioterapia —todavía le faltan 11 semanas— seguida por cirugía y radiación. El médico le sugirió una mastectomía doble, pero Ramjus todavía no ha tomado una decisión al respecto.
Ramjus no pudo ir a su ceremonia de bata blanca, una tradición para los estudiantes en el campo de la medicina, porque la quimioterapia le bajó las defensas y no pudo viajar. El fin de semana que planeaba recibir su bata blanca, se cortó el cabello que se le caía y compró un par de pelucas de $40.
Por algún tiempo, Ramjus tuvo que pelear con su compañía de seguros para que le cubriera el tratamiento. Encontró recientemente una manera de hacerse una prueba genética, para saber si su madre o su hermana podrían estar en peligro de desarrollar la enfermedad. Todavía está esperando los resultados.
Portal de América - Fuente: www.elnuevoherald.com

