por Sergio Antonio Herrera, @DelPDA en Twitter
"El Mercosur ha causado desde su nacimiento, muchos más perjuicios que beneficios al Uruguay. Ideado inicialmente por Argentina y Brasil, que sólo querían hacer un gran acuerdo bilateral, Uruguay se coló en 1991 en el último minuto por la ventana de una casa a la cual sus anfitriones no habían pensado invitarle. Paraguay hizo lo mismo", dice en el acápite de su columna de ayer en el Semanario Búsqueda, Claudio Paolillo.
La muy recomendable pieza periodística del colega, titulada "Inútil y perjudicial", tiene un remate directo e impactante: "¿Para que le sirve a Uruguay permanecer en el Mercosur?. Nunca fue útil para casi nada. Ahora no solo es inservible; ahora es dañino".
Y realmente, estamos de acuerdo en lo expresado, pero lo que buscamos plasmar en esta reflexión es la necesidad imperiosa de un sinceramiento entre pueblos, vecinos seguramente; hermanos teóricamente y buenos amigos realmente.
Hechos indesmentibles
Las emboscadas comerciales frecuentes y abusivas, las trabas a todo intento de convenios o acuerdos de libre comercio por parte de Uruguay con terceros países; los bloqueos de frontera a los camiones transportando arroz o pollos a Brasil; la denuncia ante el Tribunal de La Haya y el bloqueo del puente San Martín por años, por parte de Argentina y muchas cosas más (pero muchas realmente), culminadas con la puñalada trapera perpretada por ambos países en el escenario del G20, son argumentos más que suficientes para darle la razón y coincidir plenamente con Paolillo.
La pura verdad
Por más gestos mediáticos montados por Cristina y Mujica en los últimos tiempos, desde el primer momento del gobierno Kirchner, una de sus grandes preocupaciones fue desentrañar la madeja informativa de las inversiones argentinas en Uruguay.
Si bien el porcentaje de capital argentino derivado a este lado de los ríos, comparado con el que está en las principales plazas finacieras internacionales, es ínfimo, hay como un morbo especial en sacarlo a la luz y recordemos que en el pasado período, hasta se llegó a "aconsejar" a los integrantes del gobierno K, que no veraneasen en Punta del Este.
En este contexto, el gobierno uruguayo quiere ser más realista que el Rey y terminó por comprar la cosa mediática y aparentemente es la única parte de todos los uruguayos que siguen negando la intencionalidad del último ataque "geveintista" y amaga con firmar un acuerdo con Argentina que ventile los datos que quiere Cristina, sin obtener nada a cambio, o lo que es peor, recibiendo solamente palos en sus ruedas y exponiéndose a ahuyentar a sus más seguros inversores.
Entonces
Si tenemos la cola limpia como dice el equipo económico, si no somos ni cerca paraíso fiscal, si nos conviene firmar tratados de libre comercio fuera del Mercosur y todo lo demás, lo del título: CHEGA DE HIPOCRESÍA y juguemos nuestro partido.
Los uruguayos seguiremos yendo a Buenos Aires a ver teatro, a comprar pilchas y a comer bien; a Córdoba a respirar aire puro y a comer cabrito; a Mendoza a fascinarnos con Los Andes y a tomar buen vino; al Noroeste a emocionarnos con el folclore y a saborear las empanadas de piernas abiertas y a recorrer ese suelo maravilloso que por suerte tenemos tan cerca y de esa forma, continuar constituyéndonos como históricamente, en uno de los principales clientes del turismo receptivo argentino y de por vida, redoblar esfuerzos para discutir el verdadero origen de Gardel, del tango y del dulce de leche.
Los argentinos seguirán usando a Punta del Este y su oferta inmobiliaria como su caja de ahorros o su cofre fort y cuando los aprete la canícula estival cuzarán como siempre despavoridos en lo que sea, en sus propios autos, en avión, en barco o en ómnibus de línea a retozar a Las Cañas, a admirarse (y también a invertir cada día más) en la patrimonial Colonia; a seguir descubriendo La Paloma, La Pedrera, Cabo Polonio y Punta del Diablo; a mimar a sus organismos en el Corredor Termal y a posar para los paparazzis en Punta del Este. Y en ese contexto, continuarán siendo los constructores de nuestra oferta turística y obviamente, nuestros mejores clientes.
Ambos pueblos seguirán cultivando su rivalidad deportiva, como lo hacen desde los orígenes mismos, "como cuando en 1928, a un costado de la Plaza Independencia, en una pizarra se escribían línea a línea las noticias que iban llegando de la semifinal de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam: "Ataca Argentina, gol uruguayo" como lo explica Jorge Savia en Ovación y resume en pocas palabras como es que deben coexistir de la mejor manera posible, dos vecinos, dos hermanos o dos amigos, cuando uno, es más grande que el otro y a veces, se pasa de la raya.
Por ahora lo de Brasil lo dejamos para otra oportunidad. Para tratar ese tema hay que partir desde la diplomacia acdémica de Itamaratí, pasando por la presión y el poder imperial que se les escapa por los poros a los dirigentes norteños, hasta llegar a esos misterios que hacen insondable la relación entre los pueblos y quizás, para "zafar", de un lado y del otro, le echamos la culpa al idioma...
Queríamos ocuparnos de esta cuestión, la que más nos importa en todos los aspectos, la que más nos duele, la que más sentimos, en nuestro caso personal, la que nos afecta casi como un problema de familia.
Nos vemos.
Portal de América

