por Sergio Antonio Herrera, @Del PDA
Cuando en Telemundo anunciaban que finalmente se había superado el tema de las cenizas volcánicas y finalmente el grupo de Verzeri había podido viajar, con sensible retraso, hacia Guadalajara, Alberto Kesman afirmaba que poco menos era un trámite ir a traer la presea dorada en fútbol.
Como ocurre cada vez que nos la creemos, nos llenaron la canasta. México vapuleó a Uruguay 5 a 2.
El domingo me había preparado como pocas veces. Las mujeres de la casa organizaron un shoppng tour y quedé como único dueño del living, en mi sillón favorito, con el control remoto de mi absoluta propiedad, el termo, el mate y si cuadraba, a poquitos pasos en la esquina donde está el barcito, alguna recompensa espirituosa si había que festejar.
Estoy en un momento de la vida en que eludo el dolor, el terror, la guerra, la sangre y las malas noticias. Generalmente me olvido de ver los noticieros al comienzo y por esa omisión, me salvo de la catarata de crónica roja. En ese contexto, mi aguante de ver el partido, a pesar del escenario que me había montado, duró hasta el segundo gol azteca. Me la vi venir y apagué la tele y me trasladé como un robot ante la laptop, a producir el Diario del Portal del lunes. El resultado final lo supe pues entré a El País Digital donde los colegas decían que México había humillado a Uruguay.
Por eso, con pleno convencimiento y como uno sabe más por viejo que por sabio, le doy un gracias enorme a México por traernos abruptamente a la realidad.
Como decía Jorge Delgado, un negro muy querido que fue el sucesor de mi viejo como utilero en el Decano de verdad, los uruguayos somos "entusiastas y meritorios".
Yo agrego que los Walter Gómez, Pepe Schiaffino, Enzo Francéscoli, Luis Suárez o Diego Forlán, aparecen muy de vez en cuando y aún con ellos, los demás integrantes del equipo deben ser como decía Jorge, entusiastas y meritorios, de lo contrario, no le ganamos a nadie, en nada.
Como sabiamente canta el Pitufo Lombardo en "Descolgando el cielo", nosotros en todos los ámbitos de la vida debemos recordar:
Mezcla de agua dulce
Mezcla de agua y sal
Aldea dentro de esta aldea universal
Mezcla de inmigrantes
Tano y español
Milonga, candombe
Murga y rocanrol
Nunca favoritos
Siempre desde atrás
Milagro que nos abraza
En el minuto virinal
Nos vemos.
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