Del tomate II
Jueves, 25 Agosto 2011

El martes 26 de julio publiqué Del tomate  como una especia de catarsis, de desahogo y no siendo una columna de turismo o de aviación, se leyó mucho, tanto, como las top del año. Hoy debo, a mi pesar, insistir con lo mismo. En Buenos Aires se ha destapado una olla que tiene un olor a podrido tremendo y a pesar de la distancia y la frontera, nos envuelve por igual.



por Sergio Antonio Herrera, @DelPDA en Twitter

El secreto a voces que todos conocían, de la relación del dictador Massera con Graciela Alfano fue puesto nuevamente en el tapete y a esta altura, como es habitual, también los noticieros uruguayos se han hecho eco de este triste episodio.

No me voy a poner a reiterar todo lo que ya se sabe y todo lo que se dice alrededor de este tema pero si, lo tomo como disparador para expresarme acerca de los límites que tienen la impunidad y la ética.

Figuras como la famosa rubia, quien cada vez que habla se entierra más y la de Moria Casán, que de vez en cuando es su compañera del bizarro jurado del siniestro programa del ex muchacho de barrio devenido en picador de carne humana,  son el mejor ejemplo de como por el sólo hecho de ser populares, hay figuras que gozan de una brutal impunidad, tan inmensa, que les hace creer que la misma es eterna y que es un chicle gigante, posible de estirar todo lo que se quiera.

Mientras Alfano dijo que por haberse acostado con un genocida, no lo había hecho con 30 mil desaparecidos, se mostraba un reportaje a Moria en donde decía directamente que amaba a los militares porque las botas la calientan. Pocos días antes había reconocido que fue prostituta, lo cual también, era un secreto a voces.

El punto no es que una se acueste con un dictador o que a la otra la exciten los uniformados, ni siquiera que haya sido prostituta.

Cada quien tiene derecho a hacer de si mismo lo que su propio estómago le permita y mientras no perjudiquen a terceros, seguirá siendo un problema exclusivamente de quien lo haga o diga.

Lo grave es que esas patéticas figuras, tengan el lugar que tienen no solamente en los medios, sino en la consideración de la gente y se les siga bancando lo que se les ocurra hacer o decir, hasta con devoción y se les endilgue el mote de divas.

El picador de carne humana de Bolívar, lógicamente, estará calculando cuantos puntos de rating más le va a sumar la nueva imagen de su blonda empleada y seguirá presentándola como la "señora", ratificando de esa manera el mensaje a su teleaudiencia que nada le importan las dotes morales de sus figuras, además, él mismo seguirá gozando del reconocimiento de todos porque "le da trabajo a un montón de gente", en ese contexto, se le seguirá considerando un genio, un zar de la comunicación, un ganador, un play boy, un tipo piola y nadie, se atreverá a quitarlo de la pantalla, porque significa el peor ejemplo masivo que se le puede dar a una sociedad confundida, vulnerable y necesitada de pan y circo.

La decadencia es indiscutible, estamos todos del tomate. Nos vemos.

Portal de América

 

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