por Sergio Antonio Herrera, @DelPDA en Twitter
Me refiero al enésimo globo sonda enviado al decir que sería conveniente reducir la publicidad oficial a los canales de televisión que tratan (según él) de forma inconveniente la crónica roja en los noticieros centrales.
Como suele ocurrir, debió salir de inmediato a los medios la traductora oficial del Presidente, la Primera Dama y primera senadora de la fuerza política que gobierna, su esposa Lucía Topolansky, a decir que las afirmaciones del Presidente en nada afectaban ni afectarían la libertad de prensa, "libertad de prensa total", enfatizó.
Ni en la voluntad del Presidente ni de su fuerza política, ni de ningún integrante del gobierno o del espectro político en general, está la potestad de garantizar la libertad de prensa tradicional del Uruguay. Esta característica tan valiosa y diferenciadora que ostenta este país, es patrimonio de la cultura nacional, va implícita en la mente y en el alma de todos y cada uno de los uruguayos y aún en los momentos más oscuros de la historia, de alguna manera se hizo ver.
La publicidad oficial
Es una inmensa torta a la que acceden generalmente los medios convencionales y de acuerdo a quien ocupe el gobierno de turno, medios afines a esa fuerza política y allegados de diversa índole a la misma.
Son excepcionales las asignaciones de publicidad por necesidad o merecimiento (del gobierno y del medio respectivamente), a medios de comunicación alternativos.
Algunos medios serían inviables si carecieran de la publicidad oficial.
Un buen avisador privado, en cualquier medio convencional, paga tarifa, menos descuento especial, menos descuento puntual, menos descuento equis, menos descuento por pronto pago, etcétera, etcétera, por lo que la tarifa que obla, finalmente queda reducida a un porcentaje bastante insignificante con respecto al 100% de la original "tarifa publicada".
El Estado, generalmente, en casi todos los casos, paga tarifa publicada y aunque sea tarde y mal, paga.
La crónica roja
Al igual que los programas como el del ex gomazo de Bolívar, la primera media hora de los noticieros centrales, llega a saturar, hartar, asquear a los televidentes con un nivel medio de formación hacia arriba.
Al igual que los besos entre ciudadanos del género masculino, las lágrimas de cocodrilo de las mediáticas, las galeras, los pelos teñidos, los glúteos y mamas implantados, también las rapiñas, los asaltos, los dramas familiares y pasionales, los abusos y hasta crímenes cometidos por los barrabravas de los equipos grandes que en buena parte, son los mismos protagonistas de los otros hechos mostrados en este horario, también hartan, asquean y saturan.
De acuerdo
No se puede comparar a Tinelli con los pastabaseros uruguayos pero, generan asco y hartazgo por igual.
No se puede comparar a la telebasura con la inseguridad uruguaya, pero, ambas corrientes ocupan los horarios centrales de la televisión y la gente normal, común, con dos dedos de frente, no quiere más de eso.
No es culpa de los productores de los noticieros que haya tanta rapiña, asalto, arrebato, copamientos y demás.
No han sido felices las declaraciones de Mujica con respecto a recortar la pauta publicitaria oficial a los canales que apuestan a la crónica roja al mango en el prime time.
Pero
De una buena vez debería comenzar a primar la cordura. Los noticieros centrales a dosificar la información, a mechar a la realidad negativa, realidad positiva, que también la hay y el Presidente, darse cuenta que vendría bien un poco de silencio de su parte y bastante más de acción.
Hasta el presente ha opinado y ha titulado sobre todos los temas y salvo los que venían encaminados desde antes o los que derivan de la bonanza actual, no suele arreglar los más graves, como la inseguridad por ejemplo.
Somos campeones de América, nos elevan el Investment Grade, tenemos edificios del primer mundo como el nuevo aeropuerto, el SODRE y el Solís, entre otros. A nuestros artistas, científicos, empresarios, deportistas y demás, los distinguen en todo el mundo; contamos con atracciones que conforman un excelente destino turístico para el cliente más exigente pero...cuando salimos de casa, no sabemos como volvemos, si volvemos.
Nos vemos.
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