Los consejos de Don Douglas
Viernes, 15 Abril 2011

Los consejos de Don Douglas

El hombre fue un adelantado para la época, estuvo entre los primeros mayoristas, claro, aquí en este rincón austral del tercer mundo, el barrio donde nos toca vivir de la aldea global. Si bien lo he contado varias veces, tal vez no se tenga en cuenta pero, si bien me tocó ser el que dio el puntapié inicial en la venta del producto Blumenau, a fines de los 70 y principios de los 80, fue él quien me dio el dato.



por Sergio Antonio Herrera, @DelPDA en Twitter

"Mire Antonio, fíjese en la Quatro Rodas, donde dice Blumeanu, parece un destino interesante, si bien no está en la costa, está a pocos kilómetros, hay unos cuantos hoteles de buena categoría, restaurantes y buen comercio, me parece que es interesante".

Y me fijé y era verdad y a partir de ahí, sin falsa modestia, con una buena estrategia de márquetin aplicada, el mercado emisor uruguayo se convirtió, por mucho tiempo, en uno de los mejores clientes de este enclave con rostro germano en el Brasil loiro y de olhos azuis.

Mucho tiempo antes, a fines de los sesenta y principios de los setenta, fue el primero que vino a visitarme a la agencia minorista en la que yo trabajaba a venderme paquetes confeccionados por él y a ofrecerme comisión para la empresa, por cada pasajero que le acercáramos. Si mal no recuerdo, en esa época, el único mayorista internacional, instalado en Uruguay, a cargo de un español que no recuerdo el nombre, con Pedrito Díaz jovencito y en segunda línea, era Viajes Melía.

Dos o tres años después, me tocó trabajar en una empresa que estaba asociada con una mayorista que dirigía Don Douglas, eran épocas en que el "turismo sudamericano", como se denominaba al regional casi exclusivamente terrestre, se manejaba sin instrumentos, a puro olfato y con mucha improvisación.

Don Douglas comentaba, cuando nos veía tipeando a máquina las listas de pasajeros, llenando fichas de datos: "tengan cuidado con ..." y nos detallaba ciertos tipos de personas, de determimadas razas o religiones, condición física o estado civil, para agregar: "son los peores, son los que siempre encabezan los reclamos".

No era nada raro llegar a un hotel de cualquier ciudad argentina, brasileña, paraguaya o chilena a horas impropias de la noche o madrugada, con 40 o máspasajeros exhaustos, hambrientos y clamando por una ducha y que el recepcionista poniendo cara de circunstancias nos dijera la tan temida pero tristemente frecuente frase: "Debe haber un error, yo no veo reserva alguna y el hotel está lleno....".

No es difícil imaginarse la causa de los trastornos digestivos heredados por quienes éramos "carne de cañon" en la época, oficiando de tourconductors, ¿no?.

Había circuitos como el de Cataratas del Iguazú que, mirando ahora, con la perspectiva del tiempo, podrían asemejarse a una película de terror o para ser más modernos, a una cámara oculta de Tinelli.

Hacer el trasbordo en Gualeyguachú , luego de cruzar el Río uruguay en lancha, a buses argentinos, los cuales nunca tenían el mismo sistema de numeración de asientos que los uruguayos que nos habían llevado hasta Fray Bentos, era generalmente el primer capítulo negativo, allí recibíamos los primeros insultos y amenazas de acciones legales por parte de los pasajeros.

Llegar a Corrientes o a Posadas, escalas anteriores a Asunción o a Foz/Puerto Iguazú, indistintamente, destinos principales del tour, era la segunda pero decisiva instancia para que la amenaza de acciones legales, mutara a amenaza de agresión física. ¿Los motivos?, y...en vez de habitaciones dobles o triples en hoteles de varios pisos, como los que se mostraban en las fotos o en los folletos, muchas veces habían habitaciones para 4, 5 o 6 personas en establecimientos (de alguna manera hay que llamarlos), de aquellos de puertas enormes, de dos hojas, de las casas señoriales, con habitaciones alrededor de un patio con aljibe en el centro...

Ni les cuento la sensación que tuve en una Semana Santa al llegar a Asunción "con vida", luego de sortear varios problemas más de los relatados anteriormente y en base a "la razón del artillero", como no había espacio para retroceder, le había ganado la "cuereada" al malón y el arribo a la capital paraguaya había sido hasta con buen humor, ya que en esa época, yo tenía un muy buen surtido de chistes y bastante habilidad para contarlos.

En una plaza céntrica, confluimos los 5 buses que componíamos el contingente de la agencia para encontrarnos con el coordinador designado, quien habría de indicarnos a cual hotel iba cada grupo.

Fue asignando nombres a cada uno y yo fui quedando para atrás, hasta que dirigiéndose a mi, me dijo: "tu grupo va al París Niza, camino a Itá Enramada".

Era un lugar muy bonito, con mucha vegetación pero...era un motel.

Cuando pasaban esas cosas y había que enfrentar reclamos, Don Douglas, con las manos tomadas a su espalda solía decir: "si tienen que atender quejas de pasajeros, nunca lo hagan en forma colectiva, siempre atiendan al matrimonio si vienen los dos, al representante del grupo familiar que venga pero jamás, hagan pasar a la vez, más de dos o tres personas, en ninguna circunstancia...".

Don Douglas siempre tenía una presencia de ánimo muy especial. Cuando llegué al puerto de Gualeyguachú, para embarcar hacia Fray Bentos, con los cinco buses otra vez,cuyos pasajeros, además de todo lo que habían pasado, debían esperar turno al rayo del sol, porque había una sola lancha y evidentemente el ambiente estaba cladeado, oteando el horizonte, con su rostro imperturbable, dijo: "magnífico día para navegar"...Nos vemos.

 

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