por Sergio Antonio Herrera
Por la simple y sencilla razón que la economía brasileña, uno de los faros del BRIC, rebosa y que por ende, hay un Real fortísimo, más la indesmentible realidad de los 25 millones de nuevos integrantes de la clase media norteña y de ellos, 11 millones de nuevos pasajeros de avión, resulta que el turista brasileño, para Uruguay, pasó a ser el desiderátum.
No importa si viene en un crucero de 500 dólares pagado con plástico en 10 cuotas y no compra ni un sandwiche o si es el cliente ya mencionado del cinco estrellas de Punta que no sólo pagó su suite de 7.500 dólares diarios sino que además compró 8 más, de 1.200 verdes la unidad, para familiares y amigos.
¡Seja bemvindo o turismo brasileiro!, mais não esqueça o turismo de toda a vida...sim, os Irmãos argentinos.
Los campeones del márquetin habitan del otro lado del río e históricamente, nos han preferido.
Primero Montevideo, los bailes del Salvo con Xavier Cugat y enseguida Carrasco, el Casino y los bailes (D´Arienzo incluido), para luego descubrir Punta del Este pero, dándole impulso de alguna manera a la Costa de Oro para luego inventar La Pedrera y sacar de la galera a José Ignacio.
Son los mismos que pusieron de moda a Floripa, Camboriú, Paratí, Fernando de Noronha, Porto Galinhas y Recife y Maceió (¿sigo?) y también los que van de a miles a ver un partido de fútbol a un emirato árabe o cambian las costumbres y hasta el aspecto edilicio de la mismísima Florida del gran país del otro norte.
Son los que nos han traído los miles de millones de verdes generados por la soja, el trigo, la lana o alguna trampa financiera de las que también, son masters, a las bóvedas de nuestros bancos o los han trocado por ladrillos puntaesteños.
Dice el tango: "yo sé que ahora vendrán caras extrañas...", faltan pocos días, ya lo van a ver, anoten y después me cuentan. Nos vemos.
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