por Sergio Antonio Herrera, desde Punta del Este
Ese "nuevo dibujo" se está haciendo de una manera silenciosa pero contundente.
Donde el turismo deja de existir
El núcleo duro del conflicto —Irán, Israel, Líbano, Siria, Irak, Yemen y Ucrania— queda automáticamente fuera del mapa de cualquier planificación de viajes.
Aquí no hay matices. Hay guerra.
Y cuando hay guerra, el turismo desaparece sin escalas.
El nuevo territorio incómodo
Más interesante es lo que ocurre en las zonas que no están en guerra, pero dejaron de ser previsibles.
El Golfo sigue operando con normalidad aparente, pero bajo una sombra nueva: la posibilidad de escalada.
Europa del Este continúa recibiendo turistas, pero convive con una militarización creciente.
El resultado no es la cancelación del viaje. Es la duda.
El nacimiento de los destinos refugio
América —y particularmente el Cono Sur— aparece hoy como una zona naturalmente protegida del conflicto global.
Europa Occidental mantiene su atractivo.
Asia-Pacífico se consolida como el espacio más alejado de esta doble tensión.
No son destinos nuevos. Pero sí son destinos revalorizados.
El verdadero impacto
El viajero contemporáneo no teme necesariamente a la guerra. Lo que teme es la incertidumbre:
- No saber si su vuelo saldrá
- No saber si su escala será viable
- No saber si su seguro lo cubrirá
El turismo no se detiene. Pero se reorganiza en función de la certeza.
El mundo deja de ser global
Durante décadas creímos que el mundo era un espacio abierto. Hoy esa idea empieza a resquebrajarse.
El turismo sigue existiendo. Pero ya no es global. Es selectivo.
El mundo no se detiene. El turismo tampoco. Pero ambos están cambiando.
Y quizás estamos entrando en una nueva era: la del viajero que, antes de elegir destino, deberá elegir de qué lado del mapa quiere estar.

