por Sergio Antonio Herrera
Como muy pocas veces, el resultado de un partido de la selección celeste me interesa tanto, por encima de lo deportivo.
Vamos a entendernos, no soy de los que piensan el fútbol en términos "de vida o muerte" o la ridícula exageración que dice que está involucrado el "honor de la patria".
Nada de eso, es simplemente un juego, un partido de fútbol pero, se da en un momento histórico muy especial, en un período donde los gobernantes uruguayos están apostando muy fuerte y quieren transitar hacia "un país de primera" o "un país desarrollado".
Entonces, si Uruguay empata o pierde dentro de un rato con México, no se va a caer el país, nadie se va a morir y la vida, continuará como hasta ahora, solamente, con un poquito de dolor en el alma que, ya sabemos, demora un poco en irse pero se va.
Lo diferente, lo realmente impactante sería que Uruguay gane y confirme que esta selección está para más y consiga, de ese modo, atraer la atención del mundo.
No existe, ninguna otra posibilidad más eficiente de márquetin de un destino turístico que la que puede aporta un equipo de fútbol que funcione bien en una justa deportiva de este tamaño y trascendencia.
Por eso, los cuatro nudos en el pañuelo están, por eso, ya tengo el mate pronto, por eso, la leña crepita en el hogar y por eso, mi sillón preferido me espera para que pueda sentarme a ver y esperar el milagro, que significaría que Uruguay gane dos paridos seguidos en un mismo mundial. Nos vemos.
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