Desde el Calafate
Domingo, 28 Febrero 2021 14:48

Desde el Calafate

Viajamos el pasado jueves 25 por Aerolíneas Argentinas, que tiene tres vuelos diarios, a la que se sumó  una reciente frecuencia de dos vuelos semanales por parte de Jet Smart.  Parecería, según la gente del Calafate, que ese menú de vuelos es insuficiente y añoran las épocas en las que el aeropuerto Armando Tola (que si mal no recuerdo fuera un piloto emblemático de Aerolíneas Argentinas y al que he conocido e incluso viajado con él en vuelos privados) tenía hasta quince o veinte movimientos diarios y algunos internacionales sobre los que tuve alguna participación en su organización.

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por Luis Alejandro Rizzi, desde El Calafate, Provincia de Santa Cruz (Una Argentina cuyo gobierno para bien no puede y para mal se esfuerza)

Lo primero que quiero expresar es que en mi experiencia de embarque en el vuelo ARG 1860 del pasado 25 de febrero, la distancia social no existió.  El embarque fue como en los mejores tiempos con la gente amontonada y pugnando por hacer innecesarias colas, ya que el embarque se hace por zonas según la ubicación de los pasajeros en el avión.

En el vuelo no hay servicio de abordo, lo que refuerza mi idea de que los mismos deben eliminarse. Salvo los vuelos que desde Buenos Aires salen para El Calafate, Ushuaia, Río Grande y Río Gallegos cuya duración ronda las tres horas, el resto no supera las dos horas.  En esos vuelos de larga duración podría ofrecerse un servicio a la demanda y pago.  En los aeropuertos en general hay buenos servicios de bar o resto, y pude advertir que los precios en términos relativos han bajado comparando con los vigentes “prepeste”.

Quizás porque he comido el fruto de El Calafate, como dice la leyenda, en Río Turbio por “exigencia” de mis primos Rubén y su adorable mujer Elda Uriel ya fallecida, en mi primera estadía en la zona allá por enero el año 1962, he regresado varias veces, pero ello no quita que siempre me parezca mi primera vez, por lo que sigo comiendo ese fruto mágico del regreso, como lo suelo llamar, para garantizarme un nuevo viaje que volverá a ser el “primero”.

Me contaban que Calafate ha perdido la mitad de su población, consecuencia de esta “pandemia” sobre la que algún día sabremos su real verdad.  Caminando por las calles del “pueblo” se ven locales cerrados,  y en cualquier conversación casual con los lugareños la crisis del turismo es el tema obligado y sus consecuencias parecerían haber impactado en todos los hogares.

En nuestra primera jornada y por recomendación de quien nos atendió en “Tiempo libre” en la calle Gobernador Gregores 1294, contratamos una excursión nocturna a las Cuevas de Walichu; un lugar cercano al pueblo al que se llega en unas robustas Land Rover cruzando extensas estancias privadas, por sendas intransitables para vehículos convencionales.  Allí pudimos ver pinturas rupestres que datan de entre cinco y nueve mil años de antigüedad y expresan de algún modo la evolución de la vida desde el nacimiento que grafica la posición de la mujer para facilitar el nacimiento  de su hijo. Apoyaban la espalda contra una pared, sus manos brazos sobre lo que sería el techo de la cueva  y de ese modo presionando con esas partes del cuerpo facilitaban la expulsión del feto hacia su vida externa. Otros dibujos señalaban las diversas etapas de la vida hasta la muerte en la que los dibujos se ven acostados. Los muertos, a la espera de su resurrección se enterraban hacia el Este, esperando la salida del sol.

Esta excursión  termina con una exquisita cena en una de las cuevas, que se compone de tres pasos, una sopa de calabaza y cebolla, un guisado de cordero servido en cazuelas de pan de campo y un postre de chocolate, con abundante buen vino, jugo  y aguas para los “cobardes”.

Este recomendable “tour”  de unas cuatro horas se puede contratar comunicándose con Nicolás, uno de los socios de “Nativos de la Patagonia” al 02916449247, su costo es de u$s 50,00 según el TC oficial y u$s 32.00 en lo que llamamos cambio “blue”.

El viernes 26 hicimos la excursión Todo Glaciares, que incluye la visita al Upsala y al Spegazzini. Nos tocó un día excepcional, la navegación fue excelente y muy buenos los sobrios comentarios de los guías del crucero, muy atinados y concretos, la melosidad totalmente ausente , gracias a Dios!. Nos tocó el catamarán “Quo Vadis” construido en los astilleros del Tigre, y según nos contaron llegó a Rio Gallegos navegando y de allí se transportó a Lago Argentino por medios hidráulicos. Esta excursión es imperdible, se sale de Puerto Bandera a las.09:00 y se regresa entre las 16:00/16:30.  Durante el proceso de embarque no hubo distancia social y recomendaría a la empresa que asigne asientos numerados para evitar los consabidos empujones y algún codazo “involuntario”.

El costo de esta excursión está en alrededor de los u$s 120, se paga en pesos al tipo de cambio oficial.  Al blue, se logra un rebaja indirecta.  Obvio, los precios están nominados en la inexistente moneda local.  En Argentina no hay moneda, hay papeles pintados, “que hacen de”….

Nosotros (viajé con Claudia) alquilamos un auto en Hertz, empresa de la que llevo varios años siendo cliente y esta vez nos sorprendieron entregándonos un auto en buen estado mecánico, pero sucio, tuvimos que limpiar la guantera y los asientos, por suerte mi mujer siempre lleva, como lo llamo yo, el repelente  de la peste.

El lunes desde Buenos Aires y en el PDA radio seguiremos contando algo más, como la visita al Perito Moreno, al Chalten y el imponente Fitz Roy, y nuestros preparativos para otra recorrida en abril, Dios mediante, por San Luis, Barreal, San Juan y La Rioja, eso será a bordo de nuestro Peugeot.

Portal de América

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