El futuro del turismo mucho dependerá del optimismo o del pesimismo
Domingo, 24 Enero 2021 16:37

El futuro del turismo mucho dependerá del optimismo o del pesimismo

“…Se lo diré bien sencillo: sentirse alegre es una emoción, mientras que ser optimista es una cognición sobre el futuro. Y lo curioso es que, en la literatura cardiovascular, el optimismo muestra un gran efecto. O dicho de otro modo, los más pesimistas registran un factor de riesgo cuantitativo equivalente a fumar tres paquetes de cigarrillos al día. El optimismo también funciona a la hora de pensar en la reconstrucción que vendrá después de esta pandemia…” Martín Seligman en el diario La Nación el 24/01/2021.

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por Luis alejandro Rizzi, desde Buenos Aires (Una sociedad fantasiosa que cree que los demás nos pueden solucionar la vida. Somos cultores del llanto y de la necrofilia (ésta fue factor decisivo en la elección presidencial de 2011). Asi nos va)

Cuando se va llegando a una etapa de la vida, lo que más se siente es la escasez del tiempo y lo que más nos afecta es ver como muchos lo desperdician. El tiempo desperdiciado es como el asiento vacío en un avión o la habitación de hotel que no se vendió. Creo que el ejemplo habla por sí solo.

El turismo y el transporte aéreo se ocupan de vender stocks futuros, por eso las líneas aéreas disponen de una flota de aviones y los empresarios hoteleros compran o construyen hoteles.

La venta de stocks futuros tiene precisamente esos dos fundamentos que transcribí en el copete, por un lado, la alegría de poder ser optimista respecto al futuro por parte de la oferta y por el lado de la demanda, la alegría, como emoción, de realizar el viaje deseado y el optimismo de que se podrá hacer. Dicho de otro modo, que no habra impedimentos de salud ni de dinero que lo frustren, aunque estadísticamente un porcentaje de esos viajes no se harán, pero serán los menos, la mayoría se concretarán.

Esto nos lleva a otro tema, que también toca Seligman en la entrevista que nos motivó para escribir esta nota, y tiene que ver con dos tipos de liderazgo, aunque sólo uno se refiera realmente al liderazgo.

Se habla de los liderazgos transaccionales y trasformadores. Pienso que es importante en la vida saber “transar”, que no tiene nada que ver con la “transa” (negociación tramposa), pero el liderazgo como tal siempre es “trasformador”.

El líder “transformador” es por esencia optimista y tendrá la capacidad para discernir en un momento de crisis un nuevo rumbo, en el caso del turismo, como debe seguir o si debe dedicarse a otra actividad.

Al respecto Seligman decía: “…Esa es una muy buena pregunta. Gran parte de la recuperación dependerá de líderes optimistas, de líderes que inspiren esperanza. Pero, ¿a quién he visto durante esta crisis que sea así? No mi ex presidente [en alusión a Donald Trump], ni el primer ministro de Gran Bretaña [por Boris Johnson]. Tal vez pueda ser el francés, [Emmanuel] Macron. Pero no tengo un buen candidato a líder transformacional. Acaso la primera ministra de Nueva Zelanda [por Jacinta Arden] lo ha hecho muy bien durante la pandemia y es ella es una líder muy positiva.”

En el turismo y en transporte aéreo no vemos una vocación de liderazgo en el sentido que venimos hablando, más aún vemos un “liderazgo mendicante” que piensa que, en poco tiempo, uno a tres o cinco años, todo volverá a ser como antes, y dedican todo su esfuerzo a que los estados (los contribuyentes) paguen esta transición. Vemos empresarios pesimistas que convierten a la crisis en drama y se exhiben como seres excluyentemente infortunados. Inconscientemente, asi prefiero pensarlo, atinan solo a navegar en el drama, con la esperanza del milagroso final “fueron felices y comieron perdices”

En mi opinión están perdiendo su tiempo y dinero, es justo reconocerlo, pero el pecado está en creer que los contribuyentes que también son ellos mismos, deben salvarlos, pidiendo a su vez exenciones fiscales, sin dejar de reconocer en especial en la Argentina, que el costo fiscal nos representa unos siete meses de trabajo para el estado o los gobiernos de turno, que es peor. Esto explica el nivel de gasto improductivo por parte de los gobiernos, de la insoportable presión fiscal y su incidencia en el costo de los bienes.

Estas dos actividades, turismo y transporte aéreo, necesitan liderazgos transformadores y optimistas, no sólo en cuanto al diseño de nuevos productos sino en cuanto a la medida de la demanda futura, teniendo en cuenta que cuanto más ayuda pidan, en base a sus lamentos, menos demanda habrá porque el pesimismo siempre aleja.

El turismo es el negocio por esencia del optimismo y de la esperanza, porque no se compra para viajar ayer, sino para viajar mañana o pasado mañana.

Cuando se compra un auto o una lata de puré de tomate, o una remera, uno lo ve y se lo lleva. Cuando se compra un viaje o una IT, se compra una esperanza. Se genera alegría  y optimismoal tener el billete y el voucher, pensando en el goce del viaje.

El turismo es la unión de un mutuo optimismo entre la oferta y la demanda, y se deberá ofrecer lo que esté al alcance de la gente, y quizás la historia comience por vender un paseo de unas pocas horas por la ciudad, siempre hay recodos e historias desconocidos, de descubrir los destinos que están al alcance de la mano a no más de 50 o 100 Km, pero los gobiernos también deberán hacer lo suyo, porque, me refiero a Argentina, hacer esos pocos kilómetros puede resultar un desafío de horas.

El sábado pasado fuimos con nuestro Peugeot hasta Uribelarrea, 90 Km de Buenos Aires. La ruta 205 (autopista entre Cañuelas y el empalme con el acceso al aeropuerto de Ezeiza), tiene al llegar a Cañuelas, unos 70 Km del centro de Buenos Aires, unos dos kilómetros en reparación desde hace por lo menos tres o cuatro años, que se convierten en un embudo de doble mano justo antes de la bifurcación con la ruta 3 hacia el sur y la continuación de la misma 205 en dirección hacia Saladillo.

Ya en el simpático pueblo, de calles de tierra y muy buena gastronomía y precios muy accesibles, dos personas pueden comer muy bien por dos mil pesos o menos, (unos u$s 15.00). La cosa es poder llegar. Nos contaban los lugareños que casi el cien por cien de los visitantes lo hacen en vehículos propios, es casi imposible viajar en transporte público y hacerlo de modo directo.

Este año hubo más turismo debido a la “peste”, pero el destino es desconocido para la mayoría de la gente, como otros lugares cercanos cuyo potencial sigue siendo eso, “un potencial destino”.

En Europa la mayoría de los destinos están a pocos kilómetros de ciudades principales, caso de pueblos cercanos a Madrid o a París o a Londres, en todos los casos hay variedad de medios de transporte que los acercan en viajes que oscilan entre los 60 y 90 minutos.

¿Si tuviéramos en vista el turismo de cercanías…?

Días pasados un buen amigo del sector me decía, ¿Vos creés que después de 30 años de vender el mundo, estoy para eso…?

En Argentina el turismo del dólar o euro barato, esas dos monedas están muy relacionadas, entre un 5 a un 15% según el tiempo desde el 2000, parece haber llegado a un punto de difícil retorno. Importar turismo será muy caro, por lo menos durante unos cuantos años, o que u$s 400 millones sea un problema para el país, como lo es el caso de YPF y su deuda, contraída si mal no recuerdo hace más de cuatro años…

Esos míseros 400 millones explican al lugar al que ha llegado nuestro país…un país a la gorra….

Portal de América

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