por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires
Según Infobae, “La medida de fuerza, en reclamo de una recomposición salarial y que afectará al menos a 500 vuelos desde las 0 horas del sábado, se resolvió el pasado lunes, luego de asambleas que generaron demoras en más de 100 vuelos. En medio de la disputa salarial, la conducción de Aerolíneas Argentinas recordó que le pagó a sus empleados un bono de entre 5.000 y 30.000 pesos en diciembre de 2018, un ajuste de salarios del 10,2% en enero, un 4,1% en marzo, un 15,2% en abril y un bono de 5.000 pesos para los sueldos menores a 100 mil en este mes. En lo que va de este 2019, Aerolíneas sufrió 14 medidas de fuerza que en total afectaron a más de 16 mil pasajeros.” Tal la síntesis del conflicto planteado por la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas con la empresa. Según la versión gremial las paritarias llevarían un atraso de once meses y es obvio que el ajuste salarial dispuesto unilateralmente por la empresa, está lejos de acompañar el índice de inflación. No se discute que hay una pérdida del salario real, lo que por otra parte es una cuestión general de todo el segmento de empleados públicos y privados.
En el último informe del INDEC de septiembre de 2019 se muestra la distribución del ingreso en las personas según el ingreso per cápita familiar de sus hogares. Nosotros para simplificar tomamos el decil 10 que comprende un total de 2.831.733 personas y la escala de ingresos varía desde $ 27.200 a un máximo de $ 1.728.000, ese decil percibe el 31.9% del ingreso total. El ingreso medio de ese decil es de $ 42.729. Ingreso per cápita familiar: es el ingreso que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar.
Personalmente no tengo duda alguna que todo el personal de Aerolíneas Argentinas y Austral está incluido en el décimo decil, lo que constituiría un segmento privilegiado, salarialmente hablando.
Esto no quita que la remuneración percibida sea justa en función de la responsabilidad de cada uno, pero comparada con el resto de la población laboral, estamos en presencia de lo que llamaríamos “buenos salarios”.
Las dos empresas son generosamente subsidiadas por el estado nacional, es decir por los contribuyentes, entre los que obviamente están incluidos seguramente una mayoría del personal.
Nosotros no tenemos detalle de cómo se han realizado las “paritarias”, pero como no se discute el hecho del subsidio, es obvio que las empresas pagan salarios por arriba de sus posibilidades reales.
En esta cuestión del conflicto laboral salarial, también se debe tener en cuenta la situación fiscal del país, la mínima posibilidad de acceder a financiamiento hasta que no haya mayor solidez fiscal y se renegocie el pago de la deuda existente.
El gobierno actual más allá de lo bueno o malo que haya sido su gestión, carece de recursos para financiar a las dos empresas y la alternativa que se presenta con Alberto Fernandez no augura que pudiera haber mayores recursos. Sus voceros más próximos se muestran preocupados por el crónico déficit fiscal y parecería que parte de los escasos recursos se destinarían a solventar las necesidades de los más desfavorecidos socialmente, lo que es un principio de justicia liberal.
Es obvio que el gremio de los pilotos, APLA, especula con la debilidad del gobierno y tiene plena conciencia que su etapa de lucha terminaría el 27 de octubre a la noche cuando se conozcan los resultados de las elecciones que, en mi opinión, ganará la oposición en primera vuelta.
Alberto Fernandez ya les sugirió la inconveniencia del paro decretado para el próximo fin de semana, pero es obvio que entre líneas les está diciendo que “·no hay plata”.
Los dirigentes del gremio también debieran ponderar que la eventual obtención de un incremento salarial o ajuste con relación a la inflación concedida por este gobierno podría tener poca vida si gana la oposición, que difícilmente acepte esa “herencia”.
Un conflicto laboral en las dos empresas podrían llevar a su cierre y liquidación, ya que parte del cabotaje podría ser absorbida por las restantes líneas, algunas de las cuales tendría capacidad para aumentar su flota en muy breve tiempo. Fácil es deducir que JetSmart y FlyBondi por un lado, y probablemente Latam por el otro, sea la oportunidad que están esperando. En ese escenario Andes luciría como la más débil.
En el internacional, la conectividad está plenamente garantizada ya que Aerolíneas Argentinas mantiene un 24% del tráfico, volumen que solo necesitaría el uso de no más de diez aviones por parte de las empresas que ya operan. Todas tienen flota disponible.
Desde la perspectiva gremial, APLA debe tener en cuenta que se avecina una unión de las CGT, que tendrá como finalidad inicial contener la demanda gremial, ya que la crítica situación económica y social es una fuente de conflictos que habrá que administrar y gestionar desde la amplia base de los indigentes y los más pobres. APLA no está en ninguno de esos dos extremos. No sería aconsejable quedar en soledad.
Por ultimo un hecho anecdótico, ayer (1/10/19) viajé por Aerolíneas Argentinas desde Bariloche, y nuestro vuelo -el 1699- salió demorado poco más de una hora. Muchos de los pasajeros, según escuchábamos en el pre embarque, responsabilizaba a los gremios por la demora, y hasta no se creía que el alerta decretado durante la mañana en Aeroparque y Ezeiza que impidió por espacio de casi hora y media la carga de combustible, haya respondido a causas reales…La gente también está cansada.
Las autoridades de Aerolíneas Argentinas, seguramente salientes a más tardar el 10 de diciembre, debieran pensar en su pobre gestión y los que vengan tendrán experiencias que aprovechar, si es que se toma la decisión de continuar con los subsidios.
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