por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires
Es curioso, la dirección de Aerolíneas Argentinas-Austral resolvió cancelar todos los vuelos del 26 de noviembre para evitarles molestias a sus pasajeros por la huelga decretada por algunos de los gremios aeronáuticos. La Asociación Argentina de Aeronavegantes no adhirió a ese paro.
Pienso que la decisión tomada por Luis Malvido, “Malvisto” para los gremios, fue aprobada por el Ministerio de Transporte e incluso por el propio Presidente Mauricio Macri.
Como diría Jorge Asis, “estos chicos no entienden nada en materia de conflictos”, no saben que los conflictos deben resolverse, actuando con prudencia, sentido común y sobre todo con sabiduría, materia muy escasa en este gobierno.
El gobierno, creo que esto excede la capacidad de gestión del señor Malvido, parecería que pretende convertir este conflicto de Aerolíneas Argentinas en una suerte de batalla final. En ese sentido, Luis Malvido dijo días pasados que la empresa está quebrada. Si así fuera, incluso para salvaguardar su propia responsabilidad, debería presentarla en Concurso de Acreedores, que quizás sería la decisión más oportuna y correcta, dado que hasta el momento de escribir estas líneas el señor Malvido no aclaró si se refería a la situación económica de la empresa o fue una expresión simbólica referida al conflicto vigente entre la empresa y su personal.
En el diario La Nación, suplemento económico del 25 de noviembre, en la sección “Economía” se publica un artículo cuyo título es “Aerolíneas Argentinas no despega”. En uno de sus párrafos dice que: “Desde que Aerolíneas se estatizó, en 2008, requirió de fondos públicos para funcionar. Según los datos difundidos por Jefatura de gabinete el estado aportó u$s 5059 millones entre 2009/2017”
Supongo que ese dato se refiere a dólares nominales. En ese caso el dato es tendencioso ya que hasta hace poco tiempo el precio del dólar estaba muy atrasado, es decir, nuestro peso estaba sobrevaluado. Es probable que si ese monto de u$s 5059 millones lo llevamos a valores constantes, ese importe sería menor.
El articulo luego detalla los subsidios por pasajero que recibió la empresa y dice que en 2008 fue de u$s 124, al año siguiente bajo a u$s 91, y en la actualidad seria de u$s 14,00.
Esto significa que se estaría vulnerando la ley de defensa de la competencia 27442 dado que el inc. K del artículo 3 dice que es una práctica restrictiva de la competencia: “Enajenar bienes o prestar servicios a precios inferiores a su costo, sin razones fundadas en los usos y costumbres comerciales, con la finalidad de desplazar la competencia en el mercado o de producir daños en la imagen o en el patrimonio o en el valor de las marcas de sus proveedores de bienes y servicios”.
Lo cierto es que hemos llegado a un punto que algunos observadores del sector califican como “sin retorno”. La suspensión de más de 300 empleados por haber participado en medias de fuerza encubiertas y sorpresivas asi lo acreditaría, pero suenan más a reto o provocación que a un fin de justicia. Creo que el gobierno pretendió dar un golpe de efecto, ya que esas sanciones como era previsible agonalizaron el conflicto que ahora mal se resolverá con un supuesto triunfador y otro perdedor. La regla de oro del conflicto es que significa un triunfo para todos cuando se resuelve por medios racionales, no violentos.
Por eso la cuestión es que los conflictos deben resolverse y para ello es necesario dialogar, proponer, razonar, con un mínimo de sabiduría, virtud que parece no existir en ninguno de los dos bandos
El conflicto es inmanente a la “pluralidad” dice Julien Freund autor de un libro recomendable “Sociología del conflicto”, y agrega, “Por consiguiente, sería un error suponer que se lo puede eliminar o superar, puesto que las sociedades sólo pueden sustituir con esa condición”. Por el contrario, dice luego: “El conflicto puede desempeñar un papel regulador en las acciones recíprocas, porque él mismo representa una de esas acciones. Incluso puede ser un factor de equilibrio en la medida que implique, aunque más no sea en forma indirecta, el reconocimiento del otro”
En las situaciones de conflicto social, como puede ser una “huelga” el Estado tiene la obligación ética y moral de trasformar la lucha indiscriminada en combate reglamentado, es decir, debe licuar el carácter inicialmente agonal de todo conflicto. Por eso, siempre siguiendo a Julien Freund, “…el Estado, en la medida de lo posible, tiende o debería tender a eliminar incluso el combate, sustituyéndolo por la competencia regulada por el derecho, con exclusión de toda violencia”.
El Estado debería haber aplicado el proceso de conciliación obligatorio que pidieron los propios gremios aeronáuticos, pero no lo hizo especulando con la actividad programada para fin de año.
El Estado se alejó del uso de la reglamentación que el propio estado legisló, especulando con el hecho que el paro del 26 de noviembre seria menos lesivo que otros paros que se podrían producir para las fechas de las fiestas de fin de año e inicio de vacaciones para los que pueden gozarlas, ya que hay muchos más que se quedarán en casa.
El estado, el gobierno hizo un muy mal uso de la regla del “maximin”.
Aerolíneas Argentinas es el reflejo del nivel de idoneidad de muchos funcionarios públicos que ahora buscan refugiarse en el papel del “vengador”, como aquel personaje que representó el actor Charles Bronson.
Asi no es la cosa…
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