por Eduardo Segredo Polero
Este fenómeno no surge de una oposición, sino como una respuesta a modelos de desarrollo turístico poco planificados, concentrados e integrados a la realidad local. La presión sobre la vivienda, la gentrificación, el encarecimiento del costo de vida, la saturación de infraestructuras y servicios básicos y la degradación ambiental figuran entre los principales detonantes.
Uno de los casos más estudiados es Barcelona, donde desde hace más de una década se registran protestas vecinales contra el turismo masivo. El crecimiento descontrolado de alojamientos turísticos, a través de plataformas digitales, provocó un aumento significativo del precio de los alquileres y la expulsión de residentes históricos de barrios céntricos.
Para mitigar el gobierno local implementó restricciones a nuevas licencias hoteleras y de alquiler turístico. En un reciente informe se sostiene que España vuelve a ser el país más solicitado por los europeos y españoles para recibir el año 2026 y dentro de los destinos número uno más buscados por italianos y franceses está Barcelona, En cambio los alemanes ubican en segundo lugar a la capital catalana, lo cual evidencia que estamos en una situación muy complicada por delante.
Otro ejemplo relevante es Venecia, donde la llegada diaria de decenas de miles de turistas, a través de cruceros, ha generado un profundo malestar social. La ciudad, con una población residente en constante disminución, enfrenta serios problemas de sostenibilidad urbana. En 2021 se prohibió el ingreso de grandes cruceros al centro histórico y se implementó una tasa de acceso para visitantes diarios.
En las Islas Baleares, Ámsterdam y Lisboa, se han registrado manifestaciones similares, con consignas que denuncian el proceso de “turistificación” del espacio urbano y reclaman límites al crecimiento. Incluso destinos abiertos comienzan a replantear sus estrategias ante la presión social. Para el sector, representa un desafío estructural. Obliga a repensar los modelos de negocio, incorporar criterios de sostenibilidad social y ambiental, y fortalecer la relación entre visitantes y comunidad anfitriona.
Debido a todo esto es que aparecen cada vez, con más intensidad, nuevos paquetes muy exclusivos y con costos altos. Estamos hablando de la experiencia única de las auroras boreales en los países nórdicos como Noruega, Finlandia y Suecia, por ejemplo.
Finalmente, el futuro dependerá, en gran medida, de la capacidad de los actores: agencias, operadores, destinos y gobiernos— de transitar hacia un turismo más equilibrado, responsable y aceptado. Lejos de ser una tendencia pasajera, se consolida como una señal de alerta global. Comprenderla y abordarla de forma estratégica será clave para garantizar la viabilidad como actividad económica y cultural en el largo plazo.
N.R.: Esta columna fue preparada en diciembre para publicar en la revista PDA Magazine
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