Martes, 11 Abril 2017 22:20

55 horas en Uruguay

Mercado del Puerto, Montevideo. Mercado del Puerto, Montevideo.

Más de una vez me han preguntado y me he preguntado: ¿Cuál es   la ciudad que más te gusta? Las respuestas varían según el estado de ánimo, por lo último visto en el cine, la TV o escuchado de un amigo.

 

 

 


por Damián Argul, desde Carrasco, Uruguay

 

Siempre  deseo volver a Madrid, Roma, Paris, Nueva York, Ciudad de México, “mi” Miami o  Ciudad del Cabo. Sin contar Buenos Aires, claro. De viajar con mis nietos más chicos jamás dejaría de ir a Orlando.

 

También me gustaría conocer Ouro Preto, Jujuy, Berlín, San Miguel Allende, Villnius y Cartagena, una ciudad que tengo pendiente desde muy joven cuando leí “Biografía del Caribe” de Arciniegas y la más reciente novela de Claudia Amengual.

 

En esta Semana Santa donde tantos hacen turismo, desdoblándome entre el columnista y el viajero, este es el itinerario que hoy elegiría:  

 

Viernes
09:00. Victoria Plaza (Radissson) de Montevideo, mi ciudad. Ausentes mis amigos porteros ingreso al hotel como un viajero-turista más. (Nunca supe bien la diferencia entre viajero y turista y cualquiera de las dos categorías me vienen bien).

 

También me hubiese gustado alojarme en el Sofitel o el Hyatt,  pero en las ciudades me gusta el “downtown”.

 

Luego de acomodarme  me asomo a la ventana para contemplar la Plaza Independencia, su entorno y el mar a pocas cuadras .(Ahora sí me coloco los lentes de turista para descubrir y sorprenderme con todo lo que veo. Una vez Miami hizo una publicidad con el slogan “Mirarla con los ojos de un local”. Es justo lo contrario a lo que quiero).

 

Salimos a descubrir la ciudad, la vieja. Caminando  por Sarandí -la calle Peatonal que comienza en la puerta de la antigua ciudadela- nos detenemos en el  Museo Joaquín Torres García para comprar recuerdos con su dibujo del Sur arriba y el Norte abajo. Serán los regalos para todos.

 

Luego llegamos a la Plaza Matriz, un hermoso espacio que dominan la Catedral y el Cabildo. Ingresamos a este último que luce una puerta de hierro forjado por la que se ingresa a unos hermosos patios coloniales. Hay exposiciones en la planta alta pero las escaleras no nos animan a visitarlas y preferimos continuar nuestro recorrido. Siguiendo por la misma calle nos dirigimos a la librería Linardi Risso de bien merecida reputación. Dedicada a todo tipo de publicaciones de América Latina incluyendo primeras ediciones de incalculable valor, libros raros, autógrafos, diarios y mapas, revisar sus estanterías es un verdadero placer, lleno de tentaciones. Regresamos a la plaza Matriz ese hermoso espacio arbolado, con puestos de anticuarios, restaurantes y edificios históricos. Visitamos la Catedral de 1790, para luego retomar Sarandí en busca del Museo Gurvich otro  pintor  reconocido internacionalmente. Nos costó localizarlo porque su sede, adyacente a la Catedral, no está señalizada como se merece. Además de las obras de arte el  antiguo edificio fue perfectamente adaptado a su nueva función, respetando las estructuras básicas.

 

Hora de almorzar y acercarnos a El Estrecho, un cercano restaurant que lo habíamos visto recomendado en el New York Times. Un restaurant estrecho, como su nombre lo indica, en el que se come en el mostrador con la cocina a la vista. El menú también es estrecho, de pocos platos pero todos muy tentadores como un  camembert tibio con salsa de chile realmente delicioso. Muy agradable.

 

Reconfortados, tomamos un taxi para  conocer el Mercado del Puerto y luego tomar el Bus Turístico. Visitar el Mercado, bien vale la pena. Este edificio inglés traído para armar, como si fuera un Lego, en 1868 terminó siendo un  mercado lleno de restaurantes con suculentas parrillas, algunos excelentes a los que algún día volveremos, tiendas de recuerdos y artesanías.  Acá los trabajadores de la city  se mezclan con turistas y la gente del puerto, conformando un ambiente casi festivo, muy agradable.

 

A diferencia de otros lugares del mundo que hemos conocido, creados para cumplir similares fines, pueden ser Puerto Madero o el Bayside, este mercado tiene el encanto de algo que se fue haciendo con los años, con el sabor que le da el tiempo. El reto es mantener estos atributos sin descuidar la presentación general y de cada puesto.

 

15:30 Bus turístico. Nada mejor para orientarse en una ciudad que el tradicional City Tour, con la ya extendida modalidad del “hop on hop off”. El recorrido incluye varios puntos de interés. Uno de ellos el Palacio Legislativo imponente edificio neoclásico testimonio de pasados esplendores. Otro el Museo del Fútbol en el Estadio Centenario, que no pudimos omitir. Ya la vista de las tribunas vacías es sobrecogedora y el Museo en sí, está muy bien hecho relatando la rica historia del fútbol uruguayo, sudamericano y mundial.

 

Instalado en la sede del Primer Campeonato Mundial de Fútbol (1930) este es uno de los lugares cuyo interés trasciende lo local. Prestarle todo el apoyo para ampliarlo y enriquecerlo tendrá seguro retorno.

 

De altísimo interés es también el recorrido por la Rambla Costanera. Uno puede pasar mil veces yendo o viniendo, pero el recorrerla como turista permite apreciarla en todo su esplendor. Nada tiene que envidiarle al Malecón de la Habana, ni al de Santo Domingo, por algo se la puede considerar la no tan pequeña Copacabana.

 

Un lindo paseo que muestra una linda ciudad: Falta la visita a la Fortaleza del Cerro, monumento casi único en la región y el paseo por la Rambla podría estirarse hasta Punta Gorda y la Plaza Virgilio, su punto más pintoresco. Es de suponer que esto se debe a razones operativas. El bus y el personal muy bueno y el precio más que razonable.

 

Volvimos al Hotel al atardecer con poco tiempo para descansar. Nada más saludable que cansarse viajando después de haber conocido y disfrutado.

 

20:00. Por  suerte el Teatro Solís  queda muy cerca. Fundado en 1856, ha sido muy bien remozado y actualizado técnicamente. Solo el visitarlo vale la pena. La sala es magnífica.  Afortunadamente la obra es una comedia de Shakespeare muy ágil y agradable bien actuada y con un ingenioso escenario de luces.

 

De allí a pocos metros otro ícono montevideano: El Bar Tasende y su pizza al tacho (muy rica). Acá parece haberse trasladado todo el público del Solís y de otros teatros conformando un ambiente agradable, , también, muy bien iluminado. Buen corolario para un intenso día.

 

Sábado.
08:30. Salimos del Hotel en tour a Punta del Este. La rambla hasta tomar la ruta de doble vía. A lo lejos el mar. Mucho campo y demasiados carteles publicitarios que polucionan el paisaje. Después de aproximadamente una hora de recorrido el bus cambia de ruta y comenzamos un fantástico recorrido junto al mar salpicado por pequeñas localidades turísticas, algunas como Solís muy prolija y agradable , sin grandes ostentaciones, otras como Las Flores, más rústica, con  una mezcla de paisaje marítimo  y rural que mantienen la atmósfera que pintó Arzádum.

 

Y de repente Piriápolis, rodeada de cerros, con una rambla que recuerda los balnearios franceses de principios del siglo pasado y en sintonía la imponente figura del Gran Hotel Argentino. El tour continúa bordeando la quebrada costa donde se alternan núcleos residenciales y un paisaje agreste donde las dunas de blanca arena llegan hasta el borde del camino. Retomamos la doble vía hasta detenernos en el mirador del “Lomo de la Ballena” y apreciar, en forma panorámica el deslumbrante paisaje que hemos recorrido.

 

Luego a pocos kilómetros Punta del Este: su cadena de playas, la Isla Gorriti, el puerto deportivo y en el horizonte la península. Este camino entre Solís y Punta del Este es tremendamente atractivo y no parece estar  explotado turísticamente. Por su naturaleza nada tiene que envidiarle a las 17 millas de California ni a la Ruta Jardín de Sudáfrica. Le pueden faltar algunos toques que demuestren la intención de embellecerla. Cuando se  llega  a Punta del Este el paisaje marítimo deslumbra, pero al otro lado de la ruta se ha dejado construir demasiado y sin ninguna exigencia estética que acompañara el paisaje costero. Cuando, muchos años atrás, veníamos con grupos de turistas   majestuosas residencias alternaban con frondosos pinares que deslumbraban a los viajeros fuera cual fuera su nacionalidad. Hoy ese primer impacto ha perdido intensidad. Hay muchas formas de recuperarlo.

 

El resto del paseo sigue deslumbrándonos. Los barrios residenciales se suceden desplegando belleza y originalidad en construcciones y jardines: Cantegrill, San Rafael (Una pena que el Hotel Casino San Rafael con su particular estilo  Tudor, esté cerrado y en malas condiciones) Parque del Golf, Rincón del Indio y La Barra.  Los guías sazonan el paseo  con  historias de sus pobladores ricos y famosos. Los años han dado lugar también a una buena construcción de edificios accesibles a un público más amplio. En Punta del Este conviven perfectamente desde colonias de intelectuales de izquierda a reductos de la más rancia burguesía.-.

 

Llegamos a la Península -el centro - llena de buenos edificios, comercios y restaurantes. El casco antiguo, ”la punta de la punta”  mantiene un conjunto de grandes residencias muy atractivo. Luego el puerto deportivo, otro punto alto. Ahí nos dejan un rato para almorzar y recorrerlo. 

 

Caminamos por los alrededores y su paseo marítimo, los muelles y finalmente nos sentamos con otros compañeros de excursión en La Marea un agradable restaurant sin demasiadas pretensiones pero con una vista incomparable y mariscos y pescados muy frescos. A la hora señalada volvemos al bus para  visitar la incomparable Casapueblo la casa, taller y museoo del artista Carlos Páez Vilaró, “una escultura para vivir” que desciende por la ladera hasta el mar. Magnífica.  Verdadero ejemplo de atractivo turístico que fue creando el artista a partir de su vivienda: tiene todo lo que puede requerir un viajero y, además, cobra entrada lo que no mengua la afluencia de público.

 

Emprendemos la vuelta a Montevideo y la siesta se impone colaborando a ello el sosegado relato de nuestra guía.

 

Llegamos al Hotel en busca de un reparador descanso. Volver a la habitación, tirarte en la cama y gritar ¡No puedo más! es un momento sublime. Luego repasamos todo lo vivido mientras programamos el resto del día o en este caso, de la noche.

 

Tras un sueño reparador y una buena ducha se impone el tributo a la carne uruguaya.  

 

22:00 horas. Restaurant  Terracota en el barrio de Punta Carretas. Muy recomendado. El lugar es agradable y la carne que nos sugirieron memorable: el Terracotón. Hay que recorrer mucho mundo para volver a comer un bife así, ¿el chuletón de Ávila?

 

De regreso al Hotel ineludible escala en el Bar Fun Fun, lugar de tango para tangueros, aunque había muchos brasileños. Sus paredes llenas de fotos de Gardel y otros grandes músicos que ahí cantaron. La Uvita, bebida típica de la casa con gusto a tango, es el broche de oro para un día muy completo.

 

Domingo.
10:00 horas. Nos vamos a la Feria de Tristán Narvaja junto a la Universidad.

 

Aquí estaba toda la gente. Varias calles a lo largo y en las adyacentes, repletas de mercadería, frutas, verduras, antigüedades, peces de colores, libros, discos de pasta, pájaros y todo lo que uno se pueda imaginar. Entre la multitud conjuntos de candombe le agregan ritmo al ambiente, pero lo que realmente atrae es la venta de objetos usados. Quienes ven el Precio de la Historia (History Channel) apreciarán la cantidad de objetos curiosos, en desuso, que posiblemente en 20 o 30 años adquieran un gran valor y acá se obtienen por unos pocos pesos.

 

Por algo nos  dicen que los que saben vienen a comprar a primeras horas de la mañana.

 

Como en el Mercado del Puerto, Tristán Narvaja tiene el sabor de lo auténtico, de algo que ha surgido y transcurre espontáneamente, sin aparente orden ni planificación. Quizás un poco de ambos no vendría mal.

 

De ahí taxi hasta Carrasco, un barrio jardín que mantiene su categoría. Este tipo de barrio siempre atrae al turista y Carrasco no es una excepción, aunque muchas de sus grandes residencias ahora no se pueden apreciar , como antes, al estar tapadas por unos cierres de chapa que las afean. Muchas otras han optado por frondosos cierres vegetales que, por el contrario, las realzan.


Nos bajamos en la Avenida Arocena, ahora transformada en centro comercial, llena boutiques de moda, tiendas, restaurantes y los infaltables bancos y cambios. Afortunadamente muchos de estos  negocios funcionan en las que fueron grandes mansiones, manteniendo el encanto del barrio, como es el caso de la calle Newbury en Boston o la Haddock Lobo de San Pablo.

 

Una sorpresa es la Galería Roma donde varios artistas tiene sus talleres y trabajan a la vista del público.

 

Cruzamos la calle para comer en el Bar Arocena sus famosos chivitos, ya famosos antes que los comieran los Rolling Stones. Un sándwich de tierno lomo realmente delicioso.

 

16:00. FIN DEL TOUR  Viví una experiencia muy enriquecedora. Muchas cosas de real interés. Diferentes y con gran personalidad. Todo turista que llegue a estas latitudes debería visitar Uruguay. No todo es fácil de encontrar, da la impresión que está todo como aislado, sin una transversalidad que te vaya guiando de acuerdo a tus gustos. Se da todo por sabido y para el turista no es así. Hace falta sinergia entre todos los actores. Los uruguayos somos patriotas pero no demostramos orgullo por lo nuestro y eso lo siente el visitante.

 

Más allá de las buenas cifras que se registran, todavía falta un trecho para ser una potencia turística a nivel regional y mundial. Una labor a acometer a nivel individual, donde hay mucho y colectivo, donde hay poco.

 

Portal de América

Comentarios  

#3 Alejandro Malo 13-04-2017 11:04
Muy bueno. Todos estos lugares ya Han sido si trabalhados em notas que periodisttas de Brasil, Han sido llevando por asesor de prensa de Mintur en Brasil/RS. És mídia trabaja expontanea. Llega mejor Al turista.
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#2 NARIA LUISA CORDONE 12-04-2017 12:35
Estimado Damián
Un gran placer recorrer Montevideo con ojos de turista. Me parecen estupendos los lugares que elegiste y sin duda, es un muy buen itinerario a seguir por los que hace años no visitamos "como turistas" nuestra capital.
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#1 JULIO MARIO BLANKLED 12-04-2017 11:16
Estimado Damian . Todo en tu nota es positivo . La pena es que promocion como la que tu haces no aparezca en folletos promocionales y sea llevada a algunas de las distintas ferias turisiticas del Mundo . Felicitaciones , un abrazo y una Feliz Pascua .Julio
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DAMIÁN ARGUL

Uruguayo, residente en Montevideo, consultor en turismo. Durante su extensa y fecunda trayectoria obtuvo variados reconocimientos a nivel público y privado. Fue el creador, director y popietario de la primera empresa mayorista del turismo uruguayo, Club del Sol y el generador de exitosos paquetes aéreos hasta ese momento inéditos, con partida desde Uruguay a destinos como Bariloche; Miami y Sud África y también de Magia del Sol, el primer paquete aéreo desde el exterior a Punta del Este entre otros.

Fue editor de PRO, publicación especializada para profesionales del turismo. Representó a las más grandes empresa empresas de la industria a nivel internacional como Walt Disney; Marriot; United Airlines; Carnival Cruises y Optar de Aerolíneas Argentinas. Durante décadas fue el indiscutido líder en el rubro con su empresa.

Tuvo siempre una muy comprometida actividad gremial y en diversas ocasiones e instituciones, brindó generosamente sus conocimientos, practicando la docencia en el turismo. Desde hace muchos años es un internauta apasionado que siempre sabe lo que está ocurriendo en el turismo y sobremanera, sabe lo que está faltando. Es considerado por muchos una especie de "Gurú" en la materia.

Cierto día, admirados por sus comentarios y sugerencias siempre actualizados, al consultarle acerca de cual era su método de búsqueda, nos respondió citando a Picasso: "Yo no busco, encuentro"...
 

 


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