El indicador utilizado es la capacidad anual de asientos ofrecidos por destino. Brasil, Argentina, México, Colombia y Chile concentran la mayor parte de la conectividad, aunque la integración sigue fragmentada por acuerdos como el Acordo de Fortaleza (1996), la Decisión 582 de la Comunidad Andina (1991) y el Acuerdo de Cielos Abiertos de la CLAC (2010).
ACI-LAC ya había advertido en la Declaración de Miami (2023) sobre la necesidad de un mercado único “hecho en América Latina”. El especialista Adalberto Febeliano señala que la falta de integración es un problema de política pública, no de geografía.
El estudio destaca la escasa presencia de aerolíneas low-cost (8,3% de la capacidad intrarregional, frente a más del 50% en Asia y Europa), la baja proporción de vuelos directos (57% frente a 89% en Europa) y tarifas más altas. También identifica trabas regulatorias, procesos de autorización onerosos y capacidad aeroportuaria limitada.
Casos como Georgia y Marruecos, que firmaron acuerdos de cielo abierto con la UE, muestran cómo la participación de las low-cost saltó de 14% a más de 60% en una década.
Otro hallazgo es la alta dependencia de conexiones: más de 40% de los pasajeros deben hacer escala, principalmente en seis aeropuertos (Panamá, Bogotá, Lima, Ciudad de México, São Paulo y Santiago).
Rafael Echevarne, director general de ACI-LAC, advirtió en 2025 que liberalizar no es solo alcanzar la quinta libertad del aire, sino avanzar hacia la octava y novena. Brasil, al habilitar la séptima libertad en operaciones mixtas, da un paso intermedio, aunque aún no llega a la cabotaje plena.
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