Domingo, 29 Julio 2018 17:38

Canadá y Dinamarca continúan con la guerra más ridícula del mundo

Frente a la costa noroccidental de Groenlandia, en el estrecho de Nares, hay una pequeña isla que no llega a medir un kilómetro de extensión. La isla de Hans No tiene nada de interés: ni vive gente, ni hay vegetación o petróleo. Es un páramo en medio de los vientos árticos. Pero Dinamarca y Canadá se la disputan por medio de la ‘guerra del whisky’.

 

 

 

 


Las leyes internacionales establecen que un país puede reclamar la soberanía del territorio insular que se encuentra a 22 kilómetros de su costa. Pues esta isla está a la misma distancia de Canadá que de los acantilados de Groenlandia, territorio de la corona de Dinamarca.

 

En 1933 la Sociedad de las Naciones estableció que Hans es territorio danés, pero luego esta entidad se disolvió para ser reemplazada por las Naciones Unidas. En el medio pasaron la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y nadie se acordó demasiado de esa islita.

 

El inicio de la guerra del whisky

 

Hasta que en 1984 el ministro danés para Groenlandia estaba de paso por la región, y en un acto simbólico colocó una bandera y una placa que decía “Bienvenidos a esta isla danesa”. Y como muestra de generosidad, dejó una botella de schnapps, un aguardiente popular en los países escandinavos.

 

Los canadienses se enteraron de la incursión, y poco después quitaron la bandera danesa, subieron su enseña con la hoja de cedro, y pusieron un whisky canadiense en reemplazo de la bebida de sus antecesores.

 

Cada verano el ejército de Canadá cambia la bandera danesa por la suya, y reemplaza el alcohol dejado como cortesía. Meses después, Dinamarca repite esta maniobra

 

Y así durante las últimas décadas los ejércitos fueron rotando en esta ridícula manera de disputar una soberanía: cuando en agosto el deshielo permite un mayor movimiento de los barcos, los canadienses izan su bandera y dejan su bebida. Al mes siguiente, los daneses la descuelgan y cambian el whisky por su aguardiente.

 

La disputa pasa a mayores

 

El buen humor y la tolerancia militar por esta disputa ya era demasiado para los burócratas de Ottawa y Copenhague, y ambos gobiernos decidieron en 2005 poner fin a la disputa diplomática. Es que por más que parezca un páramo, el deshielo de las masas polares puede convertir a la isla Hans en un sitio estratégico en la geopolítica futura.

 

Pero poco y nada se hizo desde entonces. A lo sumo, en 2015 se barajó la idea de una administración conjunta entre Canadá y Dinamarca, pero el asunto quedó relegado al cajón de temas olvidados.

 

Mientras tanto, los ejércitos que realizan maniobras mantiene el absurdo intercambio de banderas y botellas de alcohol. Aunque nadie reveló si estas botellas se beben o si quedan custodiadas en caso de que haya que usarlas como prueba ante algún tribunal internacional.

 

Portal de América - Fuente: Cerodosbé

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