La investigación comprende 16 países latinoamericanos y utiliza una canasta anual de actividades recreativas que incluye salidas a restaurantes, consumo en bares, gimnasios, alquiler de canchas de tenis, cine, conciertos y espectáculos deportivos.
El resultado para Uruguay merece especial atención.
Nuestro país presenta la tercera canasta de ocio más cara de los 16 mercados analizados, con un costo anual de 1.446,12 dólares. Solamente Costa Rica, con 1.683,45 dólares, y Brasil, con 1.489,34 dólares, registran valores superiores.
El promedio regional se sitúa en 1.240,44 dólares.
Es decir, el costo uruguayo supera aproximadamente un 16,6% el promedio latinoamericano para esa selección de actividades.
No es un dato menor. Y aunque la investigación fue concebida fundamentalmente para analizar el costo del ocio de los residentes, sus resultados abren interrogantes de considerable importancia para el turismo.
El turista también paga esos precios
La gastronomía, los espectáculos, las actividades deportivas, los servicios culturales y buena parte de las propuestas recreativas forman parte de la oferta que un destino pone a disposición de sus visitantes.
Un turista que llega a Montevideo, Punta del Este, Colonia o cualquier otro destino uruguayo utiliza muchos de los mismos servicios que consumen los residentes.
Y si Uruguay aparece entre los países latinoamericanos más caros para disfrutar de una determinada canasta recreativa, resulta inevitable preguntarse cómo repercute esa situación sobre su capacidad para competir por visitantes internacionales.
Naturalmente, no corresponde trasladar mecánicamente los resultados del estudio al mercado turístico. Los patrones de consumo de los visitantes son diferentes, las estadías tienen otra duración y existen actividades específicamente turísticas que no están comprendidas en la investigación.
Pero tampoco sería razonable ignorar la coincidencia de numerosos servicios.
Una cena en un restaurante, una entrada a un espectáculo o una actividad deportiva tienen un precio que forma parte de la experiencia del visitante.
Y ese precio compite, directa o indirectamente, con el de otros destinos.
Uruguay no compite solamente por sus playas, paisajes, seguridad jurídica o calidad de servicios. También compite por lo que cuesta disfrutar de todo ello.
La competitividad turística no se construye solamente con promoción
Uno de los problemas recurrentes de las políticas turísticas consiste en concentrar buena parte de los esfuerzos en la promoción de los destinos, relegando el análisis de los costos que enfrentan quienes finalmente deciden visitarlos.
La promoción es necesaria, pero no alcanza.
El visitante internacional dispone de una oferta cada vez más amplia de destinos y herramientas que le permiten comparar precios, servicios, experiencias y alternativas.
En ese escenario, la competitividad no puede reducirse a la calidad de una campaña publicitaria.
La promoción puede despertar el deseo de viajar. La competitividad determina, en buena medida, si ese deseo termina convirtiéndose en una decisión de compra.
El estudio difundido por Bloomberg Línea no permite establecer si Uruguay es, en términos generales, el tercer destino turístico más caro de América Latina. Su canasta no incluye componentes decisivos del gasto turístico, como alojamiento, transporte o excursiones.
Sin embargo, sí aporta una señal que merece ser investigada: determinados consumos vinculados al disfrute del tiempo libre presentan en Uruguay precios elevados dentro del contexto regional.
Y esos consumos integran, en mayor o menor medida, la experiencia turística.
Por lo tanto, el problema merece una evaluación específica desde la perspectiva del turismo receptivo.
Uruguay frente a sus competidores regionales
Una de las comparaciones más interesantes que permite la investigación es la de Uruguay con Argentina.
Ambos países presentan, según el estudio, 4.036 horas anuales de tiempo libre potencial. Sin embargo, mientras la canasta recreativa uruguaya alcanza los 1.446,12 dólares, la argentina se sitúa en 1.178,82 dólares.
Para una misma selección de actividades, disfrutar del ocio cuesta en Uruguay aproximadamente un 22,7% más que en Argentina.
La comparación no demuestra por sí sola que unas vacaciones en Uruguay resulten un 22,7% más caras que en Argentina. Sería incorrecto afirmarlo.
Pero sí permite identificar diferencias de precios en servicios que también forman parte de la oferta turística de ambos países.
Y adquiere especial relevancia cuando se considera la estrecha relación turística entre los dos mercados.
Argentina constituye históricamente uno de los principales mercados emisores de visitantes hacia Uruguay y, al mismo tiempo, representa una alternativa turística para los propios uruguayos.
En ese intercambio, las diferencias de precios tienen consecuencias potenciales sobre las decisiones de viaje, la duración de las estadías y los niveles de consumo.
El desafío para Uruguay no consiste necesariamente en ser el destino más barato, sino en demostrar que el precio de su oferta se corresponde con una experiencia suficientemente atractiva y competitiva.
La relación entre precio, calidad y valor percibido resulta, en definitiva, mucho más importante que el precio considerado aisladamente.
Tener tiempo libre no significa poder disfrutarlo
La investigación incorpora una segunda variable: el tiempo libre potencial de los habitantes de cada país.
Para estimarlo, considera las horas efectivamente trabajadas, utilizando información de la Organización Internacional del Trabajo, y descuenta además ocho horas diarias de sueño.
De esa combinación surge un índice relativo del costo del ocio, cuya media regional se establece en 100 puntos.
Uruguay ocupa el cuarto lugar, con 109,8 puntos, detrás de Costa Rica, Brasil y Honduras.
Aquí aparece una cuestión metodológica que merece una consideración crítica.
El estudio relaciona el precio de determinadas actividades con el tiempo potencialmente disponible para realizarlas, pero no incorpora directamente la capacidad adquisitiva de quienes deberían pagarlas.
Y esa ausencia es sustancial.
Disponer de cuatro horas libres no significa disponer de dinero para ir al cine, cenar en un restaurante o asistir a un espectáculo.
Tampoco significa que esas horas estén realmente disponibles después de los desplazamientos, las responsabilidades familiares y las obligaciones domésticas.
Por otra parte, los salarios, los ingresos familiares y las condiciones económicas presentan diferencias importantes entre los países considerados.
Una actividad recreativa puede resultar relativamente barata en dólares y, sin embargo, representar un esfuerzo económico considerable para la población local.
La situación inversa también es posible.
Por eso, un índice que combina precios con tiempo libre potencial no debe confundirse con una medición integral de la accesibilidad económica al ocio.
Esta limitación resulta particularmente importante para interpretar los efectos sobre los residentes, pero también obliga a ser prudentes cuando se pretende utilizar la investigación para extraer conclusiones turísticas.
Una investigación interesante, pero insuficiente
Existe otro aspecto que no debería pasar inadvertido.
Betsson es una empresa comercial vinculada al negocio de las apuestas y el entretenimiento. Esa condición no invalida su investigación, pero tampoco la convierte automáticamente en una referencia académica incuestionable.
La información difundida identifica algunas fuentes y criterios utilizados, aunque la publicación periodística no permite examinar con suficiente profundidad todas las decisiones metodológicas que sustentan el índice.
Sería importante conocer, por ejemplo, cómo se seleccionaron los establecimientos y precios de cada mercado, qué representatividad territorial tienen los valores utilizados y qué incidencia presenta cada actividad dentro de la canasta.
También resultaría necesario determinar hasta qué punto los precios relevados reflejan la realidad de los principales destinos turísticos de cada país.
No es lo mismo medir el costo de determinados servicios en una capital que evaluar los precios que enfrenta un visitante en los principales destinos turísticos nacionales.
Uruguay presenta realidades muy diferentes entre Montevideo, Punta del Este, Colonia, el litoral termal y otros destinos.
Lo mismo sucede en Brasil, Argentina y los restantes países incluidos en la investigación.
Por otra parte, la canasta analizada representa solamente una selección de actividades recreativas.
El ocio también comprende propuestas gratuitas, espacios públicos, playas, parques, caminatas, encuentros familiares y manifestaciones culturales de acceso libre.
Y desde el punto de vista turístico existen otros componentes fundamentales del gasto que no forman parte de esta comparación.
En consecuencia, los resultados constituyen un insumo interesante, pero no un diagnóstico completo de competitividad turística.
El costo de vivir y el costo de visitar
Aunque el análisis turístico merece ocupar un lugar central, no puede ignorarse la dimensión que afecta directamente a los residentes.
Uruguay ha construido una imagen de país estable, institucionalmente confiable y con niveles de bienestar que lo distinguen dentro del contexto latinoamericano.
Pero esa imagen convive con una realidad ampliamente reconocida: el elevado costo de numerosos bienes y servicios.
La investigación vuelve a colocar esa contradicción sobre la mesa.
Un país puede ofrecer excelentes condiciones para disfrutar del tiempo libre y, al mismo tiempo, presentar barreras económicas que dificulten el acceso de parte de su población a determinadas actividades.
El costo del ocio afecta, por lo tanto, dos dimensiones relacionadas, aunque diferentes.
Para los residentes, representa una cuestión de calidad de vida y posibilidades reales de recreación.
Para los turistas, constituye uno de los componentes de la relación entre precio y experiencia que influye en la elección de un destino.
Y para las empresas turísticas, los precios finales son también el resultado de una estructura de costos que incluye salarios, impuestos, energía, alquileres, insumos y otros factores.
Pretender mejorar la competitividad turística sin estudiar profundamente esa estructura de costos significa abordar solamente una parte del problema.
La información que Uruguay debería producir
El estudio de Betsson tiene el mérito de colocar el costo del ocio dentro de una comparación regional que permite identificar diferencias y formular preguntas.
Pero esas preguntas requieren investigaciones más específicas.
Desde la perspectiva turística, sería particularmente útil establecer cuánto cuesta una canasta representativa de servicios turísticos en Uruguay y compararla con ofertas equivalentes de sus principales competidores.
Alojamiento, gastronomía, transporte, entretenimiento, excursiones y actividades culturales deberían formar parte de esa evaluación.
También correspondería considerar la calidad de los servicios, la estacionalidad, las diferencias entre destinos y las condiciones reales de comercialización.
No alcanza con saber cuánto gasta un turista. También es necesario conocer qué recibe por ese gasto y cómo se compara esa experiencia con la que ofrecen otros destinos.
Ese tipo de información permitiría orientar decisiones empresariales, políticas públicas y estrategias de promoción sobre bases más sólidas.
La competitividad turística no debería evaluarse solamente mediante percepciones, campañas publicitarias o declaraciones institucionales.
Requiere mediciones sistemáticas, comparaciones técnicamente consistentes y capacidad para transformar los resultados en decisiones.
Una señal que merece ser atendida
No se trata de descalificar una investigación por sus limitaciones. Se trata de aprovechar sus resultados sin atribuirles conclusiones que no están en condiciones de demostrar.
Uruguay aparece entre los países latinoamericanos con los precios más elevados para la canasta recreativa seleccionada. Ese dato merece atención.
Y aunque la investigación fue concebida para comparar el costo del ocio, sus resultados adquieren un significado adicional cuando se observan desde la perspectiva turística.
Porque los precios que enfrenta un residente para disfrutar de su tiempo libre también pueden formar parte de los costos que encuentra un visitante al elegir Uruguay como destino.
La verdadera cuestión no es determinar si Uruguay debe ser barato o caro.
Es establecer si el conjunto de su oferta turística resulta competitivo frente a las alternativas disponibles, si los servicios justifican sus precios y si existen condiciones para sostener y ampliar la demanda internacional.
Y, paralelamente, conocer qué esfuerzo económico representa para los propios uruguayos acceder a esas mismas actividades.
Un destino turístico no se vuelve competitivo solamente porque tenga atractivos para ofrecer. Necesita que esos atractivos puedan disfrutarse en condiciones de precio, calidad y valor capaces de sostener la elección de sus visitantes.
Esa es, a nuestro juicio, la cuestión de fondo.
Y una vez más, frente a una investigación internacional que incluye a Uruguay, corresponde insistir en una conclusión: necesitamos menos entusiasmo por los rankings y bastante más profundidad para interpretar lo que realmente significan, especialmente cuando sus resultados pueden aportar información relevante para el futuro de nuestra principal actividad de servicios.
Portal de América
Fuente: Estudio regional de Betsson sobre el costo del ocio en 16 países latinoamericanos, difundido por Bloomberg Línea el 4 de octubre de 2026 en el artículo de Fátima Romero, ¿Cuánto cuesta disfrutar del tiempo libre en Latam? Esto revela el índice de costo del ocio.

