Hugo Luján lleva veinticinco años dedicado precisamente a esa misión. Cuando Fernando Chaínca y Federico Colombo comenzaron a mencionar las personas que necesariamente debían formar parte de los testimonios por los cincuenta años de Turismar, hubo un nombre que apareció de inmediato. Los dos coincidieron sin pensarlo. “Hay que hablar con Hugo.” No era casualidad. Luján se ha convertido en uno de esos personajes que sintetizan el espíritu de una empresa. No ocupa un cargo de exposición pública ni aparece habitualmente frente a los pasajeros. Su trabajo comienza mucho antes. Es el responsable de evaluar, formar y acompañar a quienes conducirán las unidades por miles de kilómetros de rutas uruguayas. “Más de la mitad de los cincuenta años se los regalé yo a la empresa”, dice con una mezcla de orgullo y humor 63Entrevista al recordar sus veinticinco años de trayectoria. Pero rápidamente queda claro que para él no alcanza con saber conducir un ómnibus. El proceso comienza mucho antes de girar la llave. Observa cómo se sienta el conductor, cómo toma el volante, cómo frena, cómo reacciona ante distintas situaciones y, sobre todo, cómo entiende la responsabilidad que implica transportar personas. El examen técnico es importante. La actitud, todavía más. Luján insiste en que un buen conductor debe revisar personalmente su unidad antes de salir a la carretera. Cubiertas. Frenos. Motor. Correas. Todo forma parte de una rutina que no admite improvisaciones. Pero inmediatamente agrega otro aspecto que considera igual de importante.
“El conductor tiene que ser amable, simpático con la gente, atender bien, estar bien presentado. Es la vidriera de la empresa”, afirma. Porque un viaje comienza mucho antes de que el ómnibus abandone la terminal. Empieza con el saludo, con la atención y con la forma en que el pasajero se siente recibido. A medida que avanza la conversación aparece otro rasgo que explica buena parte del crecimiento de Turismar. El clima humano. Luján recuerda que cuando ingresó a la empresa apenas había cuatro ómnibus. Hoy son decenas de unidades recorriendo el país. Sin embargo, sostiene que hay algo que nunca cambió. “Seguimos siendo una familia”, dice. Describe con naturalidad cómo Fernando Chaínca saluda a los conductores con un beso cuando llegan de la ruta, un gesto que puede parecer pequeño, pero que para él refleja la cultura interna construida durante décadas.
“Trabajamos en equipo”, resume. La emoción aparece cuando recuerda un momento muy difícil de su vida. Tras el fallecimiento de su esposa se alejó de la empresa. Pero fueron los propios responsables de Turismar quienes fueron a buscarlo para que regresara. “Lo hago con gusto, lo hago con amor. La plata no es. Me gustan los fierros, me gusta tratar con la gente”, confiesa. 6465 Entrevista No habla desde el agradecimiento circunstancial. Habla desde el sentido de pertenencia. Desde la convicción de haber encontrado un lugar donde el trabajo y la familia pueden convivir. Al finalizar la entrevista, Hugo Luján ya no habla como instructor. Habla como un integrante más de la gran familia de Turismar. Con la voz quebrada por la emoción, desea que la empresa continúe creciendo y resume en pocas palabras el sentimiento que lo une a ella. “La quiero mucho.” Hay testimonios que explican una trayectoria. Y hay otros que ayudan a comprender por qué una empresa logra permanecer durante cincuenta años. El de Hugo Luján pertenece claramente a estos últimos.


