“Todo. Gracias a ellos llevo treinta años de trabajo, en un trabajo en el que me siento totalmente cómoda.” Tres décadas detrás del mostrador le permitieron ver pasar miles de pasajeros, encomiendas e historias personales. Desde ese lugar privilegiado, Sonia conoce mejor que nadie el papel que cumple el transporte para quienes viven en el interior profundo. “Necesitamos un médico, cualquier trámite... la mayoría de las cosas hay que hacerlas en Montevideo.” 51Entrevista Esa realidad convierte a cada servicio en mucho más que un viaje. Cuando recuerda los momentos más difíciles, no piensa primero en la empresa, sino en quienes esperan el ómnibus para reencontrarse con sus seres queridos. “Lo que más sufrían eran los pasajeros. Tenían un fin de semana para venir a ver a la familia y, de repente, había un paro y no podían viajar.” Entre tantos años de trabajo también guarda recuerdos más livianos. Son anécdotas que hoy provocan una sonrisa, pero que reflejan cómo era el transporte de otras épocas. Cuenta que un grupo de pasajeros esperaba un servicio hacia Santa Clara de Olimar.
El ómnibus pasó, pero nadie subió. Poco después, uno de ellos entró a preguntar a qué hora salía el coche para Melo. Sonia le explicó que ese era justamente el mismo servicio que acababa de partir. “Como el destino decía Melo y no Santa Clara, pensaron que no era el ómnibus que estaban esperando... y tuvieron que quedarse para el siguiente turno.” Al margen de las anécdotas, su historia también refleja una particularidad de Cerro Chato, localidad repartida entre tres departamentos. Ella misma resume esa realidad con naturalidad. “Nací en Durazno porque allí estaba el hospital, vivo en Treinta y Tres y he vivido en los tres departamentos.” Esa respuesta parece sintetizar el espíritu de un pueblo donde las fronteras administrativas importan menos que los vínculos cotidianos, y donde el transporte ha sido, durante décadas, una herramienta indispensable para mantener esa integración. Después de más de treinta años atendiendo a generaciones de viajeros, Sonia Quintero representa uno de esos rostros silenciosos que pocas veces aparecen en primer plano, pero que forman parte esencial de la historia de Turismar. Porque detrás de cada pasaje vendido, de cada consulta respondida y de cada despedida en la terminal, también se construye la confianza que ha permitido a la empresa llegar a sus primeros cincuenta años.


