Air France abandona sus tres últimos 747
Martes, 19 Enero 2016

Air France abandona sus tres últimos 747

Air France fue la primer aerolínea en presentar en Boeing 747 en América Latina, del mismo modo que ocurre ahora con el Airbus 380. Y en Uruguay por supuesto, pionera ha sido en ello también. Su primer vuelo aterrizó en Carrasco el 6 de junio de 1975, operando entonces dos veces por semana en prolongación de la linea Paris-Rio-Paris y viceversa, y causando sensación en aquel momento.


El público llenó por meses la salida del aeropuerto ocupándolo hasta la rotonda de la Avenida de las Américas con Camino Carraso, ansioso por ver operar la gran novedad de la aeronáutica que Air France presentaba nuevamente en primicia en nuestro país. Y  las escuelas lo visitaban tranquilamente, varias por día, en otros tiempos libres de temores al terrorismo. La aerolínea que le siguió a traer a Uruguay ese avión, recién lo hizo en 1982. Fue la desaparecida aunque siempre recordada Pan Am.

Ahora, Air France abandona sus tres últimos 747 porque simplemente son demasiado caros de mantener. Pero cuando la aerolínea anunció el retiro, su conmutador se saturó. Fueron unas 30.000 personas las que trataron de abordar uno de esos últimos vuelos.

¿Por qué tanta nostalgia por el Boeing 747? Un especialista francés en la aviación dijo que cree que es porque el avión fue el primero en "democratizar" los vuelos. Su incomparable capacidad para acomodar personas y su rango estimularon los viajes internacionales en avión durante toda una generación, lo que le otorgó el apodo de la "Reina de los cielos".

El enorme avión podía transportar a tantos pasajeros a tantos lugares lejanos que más y más personas tuvieron su primera aventura en el extranjero gracias a un 747. De hecho, un 747 mantiene el récord de la mayor cantidad de pasajeros transportados por un avión comercial. En 1991, la aerolínea israelí El Al evacuó a los judíos de Etiopía en un Boeing 747 transportando a más de 1.080 pasajeros.

Durante 37 años, el 747 fue el avión comercial más grande del mundo, hasta que el Airbus A380 apareció en el 2007.

La nota de Jim Bittermann en CNN es elocuente. "En cuanto a los viajes ida y vuelta respecta, este fue singular: de París a París sin ninguna escala, e incluyó a un grupo de hombres y mujeres adultas de ojos llorosos. Para Air France y sus Boeing 747, fue el momento de decir adiós, pero a la aerolínea y a su personal les estaba costando hacerlo. El último vuelo programado del Air France 747 había aterrizado días antes, pero aquí estábamos todos a las 8 a.m. para los dos "últimos vuelos" alrededor de Francia, los cuales, de hecho, fueron solo un preludio de otros cuantos "últimos vuelos del 747" alrededor del campo de aviación de Le Bourget."

"La cabina de mando estaba tan lejos frente al tren de aterrizaje que los pilotos tenían que aprender que una vuelta les daba la sensación de viajar de lado, en lugar de moverse directamente hacia adelante. Además, los aeropuertos no estaban inmediatamente equipados para manejar un avión tan grande. Las pistas de aterrizaje y de rodaje tuvieron que ser ampliadas, rediseñadas, y despejadas, ya que los extremos de las alas a veces quedaban ajustados."

"En los primeros días (si puedes imaginar una época antes del GPS), miembros de la tripulación utilizaban un sextante de navegación astronómica para determinar su posición cuando estaban fuera del rango del radio. Los 747 permitían tales recorridos de larga distancia... a lo largo de los polos, por ejemplo. Así que el avión venia equipado con una pequeña puerta en el techo de la cabina para la observación de las de estrellas con un sextante."

Finaliza Bittermann su nota: "Habíamos volado desde París hasta Marsella, al otro lado del golfo de Vizcaya, por la costa oeste de Francia hacia Monte Saint-Michel, y ahora nos estábamos aproximando para el aterrizaje de vuelta al punto de partida: el Aeropuerto de París Charles de Gaulle. Un joven de 20 años que estaba estudiando para ser un piloto comercial (su abuela le pagó su boleto de 220 euros para el "último vuelo") se lamentó de que nunca tendría la oportunidad de volar un 747. Al auxiliar de vuelo se le quebró la voz al hacer el anuncio para el aterrizaje. Y luego al capitán."

"Thierry Mondon hizo lo que fue uno de los "últimos" aterrizajes de un 747 más suaves de su carrera. Los bomberos del aeropuerto acudieron a darnos un saludo de cañón de agua. El personal de tierra tomó fotos. Y después de que el avión finalmente se detuvo y apagaron la señal de "abrocharse los cinturones", un viejo piloto de Air France que estaba sentado frente a mí, con los ojos llorosos, se negó a desabrocharse. "Estoy unido a este avión", dijo, "y no lo voy a dejar ir".

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