por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo
Después de la publicación y del primer ciclo de conferencias, corresponde avanzar hacia una discusión más concreta: cómo generar las condiciones para construir una política nacional de turismo, qué organización necesita el país y quiénes están dispuestos a aportar para hacerla posible.
Una reforma tan necesaria como improbable.
Necesaria porque seguimos utilizando formas de gestión que llevan décadas repitiéndose, mientras cambian los mercados, las tecnologías, la comercialización y los hábitos de los turistas. Improbable porque el desconocimiento de esta actividad alcanza al ámbito público, también existe en el privado y se multiplica cuando ingresamos en el sistema político.
Allí el turismo suele encontrar reconocimiento en los discursos, pero mucha menos comprensión cuando se trata de decidir su lugar en la economía nacional. Se lo asocia con vacaciones, temporadas, hoteles y promociones. Cuesta entenderlo como una actividad que exige inteligencia de mercado, conectividad, inversión, coordinación territorial y una conducción profesional permanente.
Gobernar el turismo requiere bastante más que acompañar sus acontecimientos.
Durante treinta años hemos cambiado autoridades, campañas y consignas con mayor facilidad que métodos de trabajo. Cuando los resultados mejoran, abundan los responsables del éxito. Cuando empeoran, el contexto internacional recupera inmediatamente su protagonismo.
En ambos casos queda pendiente determinar cuánto proviene de decisiones propias, cuánto depende de circunstancias externas y qué capacidades estamos construyendo para el futuro.
La responsabilidad también alcanza al empresariado. Conocer y defender una empresa no equivale a disponer de una visión del conjunto. La representación gremial es legítima y necesaria, pero una política nacional requiere, además de reclamos, ideas, aportes y convicciones. Requiere explicar qué transformación se pretende y qué compromiso está dispuesto a asumir cada actor.
Tenemos experiencia reuniéndonos. Debemos conseguir que de esas reuniones surjan decisiones que sobrevivan al acta.
El recorrido del Manual permite ordenar esta discusión: la ilusión del éxito, los errores históricos, la conducción, la medición, la aviación comercial, la conectividad, la seguridad y la comunicación desembocan en la necesidad de una nueva institucionalidad. Son asuntos relacionados. De poco sirve promocionar un destino sin comprender su demanda, estimular inversiones sin estudiar su conectividad o anunciar crecimiento sin conocer suficientemente sus resultados.
Por eso insisto en sustituir prácticamente el modelo ministerial por una Autoridad Nacional de Turismo, técnica, profesional, ágil y con continuidad estratégica.
Una ANT con un cerebro permanente dedicado a inteligencia de mercado, conectividad y competitividad, calidad y sostenibilidad. Con conducción seleccionada por su capacidad, recursos previsibles, responsabilidades claras y rendición de cuentas.
Y con el respaldo de un Think Tank multisectorial, que incorpore al turismo conocimientos y capacidades de la producción, la banca, los medios de pago, la tecnología, el transporte, el comercio y la inversión. La importancia económica que reclamamos debe reflejarse también en la amplitud de quienes se sienten a pensar esta actividad.
España, Singapur, Nueva Zelanda y Costa Rica aportarán referencias para esa discusión. Sus diferencias institucionales permiten estudiar cómo organizar funciones profesionales y construir continuidad. La reforma uruguaya deberá encontrar su propio diseño.
La ambición que propongo se resume en dos expresiones: pensar en grande y animarnos a ser España. Darle al turismo, a nuestra escala y con nuestra identidad, una importancia nacional capaz de movilizar conocimiento, inversión y desarrollo. El tamaño del país no debería servirnos como explicación permanente del tamaño de nuestras aspiraciones.
En Rivera, ante un público uruguayo y brasileño, esa ambición se llevará al territorio compartido con Santana do Livramento: cómo ampliar los motivos de viaje, transformar compras en estadías y fortalecer una experiencia binacional.
En Mercedes, con participación uruguaya y argentina, la mirada abarcará su inserción en Soriano y Río Negro, la propuesta de una región del Hum y las posibilidades de relación con Entre Ríos. Pensar regionalmente exige construir experiencias que puedan recorrerse, contratarse y comercializarse.
Ambos encuentros buscarán acercar la reforma a decisiones concretas.
No pretendo ocupar ningún cargo. Aspiro a que esta propuesta sea discutida por su contenido y a que quienes discrepen presenten alternativas con igual claridad sobre objetivos, organización, financiamiento y responsabilidades.
El Manual seguirá siendo la base. Las próximas conferencias pondrán mayor énfasis en impulsar lo que de esa base se desprende.
Que la reforma parezca improbable dice mucho sobre el punto de partida. Aceptarlo como destino sería otra decisión. Y sería, precisamente, seguir haciendo lo mismo.

