Cipriani: el golpe no es solo al empleo, es a la nueva era de Punta del Este
Martes, 11 Agosto 2026

Cipriani: el golpe no es solo al empleo, es a la nueva era de Punta del Este

La postergación del proyecto San Rafael frena algo mucho más importante que la apertura de un hotel. Cipriani y el Fasano Península iban a colocar a Punta del Este ante una competencia inédita en la cima de la hotelería internacional. Y el conflicto vuelve a desnudar otra carencia: ¿quién se sienta, en nombre del turismo uruguayo, a resolver un problema cuando está en juego el destino?. La noticia es mala. Muy mala. Pero quizás todavía no terminamos de dimensionar por qué.

por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo

La postergación del proyecto Cipriani en Punta del Este tiene consecuencias inmediatas y perfectamente mensurables: empleos que no se crearán en los plazos previstos, trabajadores afectados, jóvenes que se estaban capacitando, proveedores que deberán esperar, inversiones demoradas y una enorme expectativa económica que se traslada, en principio, hacia la temporada 2027-2028.

Todo eso importa.

Pero, desde nuestra perspectiva, el golpe más profundo no está allí.

Está en la oportunidad que Punta del Este tenía delante suyo para comenzar, ya en la próxima temporada, una nueva era en su oferta turística de excelencia.

La coincidencia de dos jugadores extraordinariamente fuertes compitiendo en la cima podía provocar un cambio cualitativo en el destino.

Por un lado, el proyecto de Giuseppe Cipriani sobre el histórico San Rafael, concebido para captar una clientela internacional de altísimo poder adquisitivo. Por otro, el antiguo Enjoy Punta del Este entrando en una nueva etapa bajo la impronta de Fasano.

No estábamos hablando simplemente de dos hoteles cinco estrellas.

Estábamos hablando de dos marcas y dos propuestas obligadas a competir por la excelencia.

Y cuando dos gigantes compiten arriba, normalmente no son solamente ellos quienes suben.

Sube el destino.

La competencia obliga a mejorar servicio, gastronomía, capacitación, infraestructura, experiencias, atención personalizada, tecnología y estándares. Obliga también al resto de la hotelería de alta gama a elevar la vara.

Y alrededor de esa competencia comienza a moverse todo lo demás.

Punta del Este tenía la posibilidad de ingresar en un círculo virtuoso: más excelencia para atraer mayor demanda de alto poder adquisitivo y, al mismo tiempo, una demanda más exigente obligando al destino a generar todavía más excelencia.

Eso era lo verdaderamente trascendente.

No era Cipriani contra Fasano.

Era Cipriani y Fasano empujando juntos a Punta del Este hacia arriba.

Por eso creemos que medir el impacto de esta postergación solamente por la cantidad de empleos demorados sería quedarse con una parte del problema. Importante, sin dudas, pero insuficiente.

Punta del Este pierde, al menos por una temporada, la posibilidad de poner a prueba ese nuevo escenario competitivo en la cúspide de su oferta turística.

Y aparece una segunda pregunta, quizás más incómoda

Según surge de la información conocida, detrás de la decisión de postergar la apertura existe un conflicto laboral con el SUNCA.

No nos corresponde desde aquí determinar quién tiene razón en ese diferendo. Para hacerlo habría que conocer en profundidad las posiciones de ambas partes.

Pero sí nos corresponde formular otra pregunta:

¿Quién defendió el interés turístico del destino sentado en esa mesa?

Porque aquí vuelve a aparecer uno de los problemas estructurales que venimos señalando.

Una inversión turística internacional de semejante magnitud aparentemente llega a una situación capaz de provocar la postergación de todo el proyecto y no parece existir un interlocutor turístico con suficiente peso, conocimiento, autoridad y capacidad política como para intentar sentar a las partes y procurar una salida.

No para ponerse del lado de Cipriani.

Tampoco para ponerse del lado del SUNCA.

Para ponerse del lado de Punta del Este y del Uruguay.

Eso es otra cosa.

Y ese rol no debería depender de que aparezca circunstancialmente un ministro, un intendente, un dirigente empresarial o alguien con buenos contactos dispuesto a levantar el teléfono.

Tiene que existir institucionalmente.

Otra vez, el cerebro estratégico

Es exactamente aquí donde nuestra propuesta de una nueva autoridad nacional del turismo y de un cerebro estratégico deja de ser una construcción teórica.

Un cerebro estratégico no sirve solamente para analizar Big Data, estudiar mercados, discutir conectividad aérea, terrestre, marítima y fluvial, diseñar promoción o anticipar tendencias.

También debe servir para detectar cuándo una situación amenaza un activo estratégico del turismo uruguayo y actuar antes de que el problema se transforme en daño.

Sentar actores.

Construir puentes.

Coordinar al Estado con el sector privado.

Convocar a sindicatos cuando corresponda.

Entender qué está en juego.

Y, fundamentalmente, tener capacidad de anticipación.

Porque si efectivamente el conflicto con el SUNCA fue determinante para una decisión de esta magnitud, llegar al anuncio de la postergación significa que llegamos tarde.

Quizás el acuerdo era imposible. Quizás no. No lo sabemos.

Pero un país que pretende hacer del turismo una verdadera política de desarrollo debería contar con una estructura capaz de estar allí antes de que se rompa la cuerda.

Ese es el punto.

Cipriani podrá abrir en la temporada 2027-2028 y probablemente esta historia termine siendo apenas una demora.

Pero Punta del Este perdió una temporada.

Y no cualquier temporada.

Perdió la posibilidad de que comenzara ya una batalla por la excelencia entre dos grandes jugadores internacionales que podía elevar la categoría del destino entero.

Ese es, a nuestro juicio, el verdadero golpe.

Y también es otra demostración de por qué Uruguay necesita dejar de administrar el turismo solamente desde la coyuntura y comenzar, definitivamente, a pensarlo estratégicamente.

Portal de América

Escribir un comentario

Promovemos la comunicación responsable. No publicamos comentarios de usuarios anónimos ni aquellos que contengan términos soeces o descalificaciones a personas, empresas o servicios.