Bolivia: cerrar un ministerio no alcanza; hay que abrir una nueva forma de pensar el turismo
Jueves, 06 Agosto 2026

Bolivia: cerrar un ministerio no alcanza; hay que abrir una nueva forma de pensar el turismo

Confieso que no estoy seguro de que el presidente de Bolivia haya leído mi Manual empírico del turismo del Uruguay. Es más, casi podría asegurar que no. Si lo hubiera hecho, probablemente me habría llamado antes de anunciar la eliminación del Ministerio de Turismo para discutir el asunto.

por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo

Ahora bien, dejando el humor de lado, debo reconocer que, aun compartiendo la dirección de la medida, tengo una discrepancia importante con la forma en que se encaró.

Creo que el presidente empezó por el final.

Eliminar un ministerio puede ser perfectamente la culminación de una reforma del Estado. Lo que difícilmente pueda ser es el punto de partida.

Las instituciones no cambian porque se cambie un organigrama. Cambian cuando previamente se ha construido un nuevo modelo de gestión, cuando se sabe exactamente qué organismo lo sustituirá, con qué recursos contará, quiénes lo conducirán, cuáles serán sus objetivos, cómo se medirán sus resultados y qué papel desempeñará cada uno de los actores involucrados.

Cerrar el ministerio debió haber sido el último acto de una transformación. No el primero.

Pero dicho esto, tampoco comparto el dramatismo con que una parte del empresariado boliviano reaccionó ante la noticia.

Porque la verdadera discusión nunca fue un edificio, un cartel en la puerta o el rango protocolar de un ministro.

La verdadera discusión es otra.

¿Cómo hacer para que el turismo se convierta, por fin, en una de las grandes industrias de Bolivia?

Y aquí aparece una verdad incómoda.

Mientras Bolivia no logre resolver su conflictividad interna, mientras los bloqueos de carreteras sigan formando parte de la vida política cotidiana, mientras un turista no tenga la certeza de que podrá completar el recorrido que contrató o llegar al aeropuerto el día de su regreso, al turismo boliviano no lo arregla ni Mandrake.

Se podrá crear un ministerio, dos ministerios o diez agencias.

No alcanzará.

El turismo vive de una materia prima invisible que se llama confianza.

Y la confianza tarda años en construirse y apenas unas horas en destruirse.

Bolivia posee atractivos extraordinarios. El Salar de Uyuni, el lago Titicaca, Tiwanaku, la Amazonía, Sucre, Potosí y una riqueza cultural excepcional la convierten en uno de los países con mayor potencial turístico de América del Sur.

Pero tener atractivos no equivale a tener una industria turística desarrollada.

El recurso natural es apenas el punto de partida.

Después hay que construir el producto, facilitar el acceso, generar conectividad, garantizar estabilidad, formar recursos humanos, atraer inversiones, promocionar inteligentemente el destino y ofrecer seguridad al visitante.

Es decir, hay que gestionar.

Y aquí es donde creo que el empresariado boliviano tiene por delante una oportunidad histórica.

En lugar de limitarse a lamentar la desaparición del ministerio, debería exigir un lugar en la mesa donde se diseñará la nueva etapa del turismo boliviano.

No para reclamar cargos.

No para defender privilegios.

No para esperar que el Estado haga todo.

Sino para asumir el papel que le corresponde como protagonista.

El turismo no puede seguir siendo un asunto exclusivo del gobierno de turno. Tiene que convertirse en una auténtica política nacional, construida entre el Estado, el sector privado, la academia, los gobiernos departamentales, los municipios y todos quienes tienen algo para aportar.

Las grandes potencias turísticas no llegaron hasta donde están porque el Estado resolviera todo ni porque el sector privado esperara sentado las decisiones oficiales.

Llegaron porque ambos comprendieron que jugaban para el mismo equipo.

Por eso, más que discutir si Bolivia necesita un ministerio o una agencia, habría que discutir si está dispuesta a construir una gobernanza moderna del turismo.

Una gobernanza donde el Estado deje de ser el único responsable y el empresariado abandone definitivamente el cómodo papel de espectador crítico para transformarse en socio estratégico del desarrollo.

Porque existe otra verdad que pocas veces se menciona.

Bolivia no necesita descubrir petróleo para hacerse más rica.

Tiene dentro de sus fronteras una inmensa fábrica de divisas esperando ser organizada.

El turismo es una de las pocas actividades capaces de distribuir riqueza en prácticamente todo el territorio, generar empleo, impulsar pequeñas y medianas empresas, fortalecer las economías regionales y atraer dinero fresco sin exportar una sola tonelada de materia prima.

Bien planificado, bien gestionado y acompañado por estabilidad política e institucional, el turismo podría convertirse en una verdadera máquina de generar riqueza para Bolivia.

Pero esa máquina no funciona con decretos.

No funciona con cambios de nombre.

Y tampoco funciona solamente cerrando ministerios.

Funciona con inteligencia, continuidad, profesionalismo y liderazgo compartido.

Si la eliminación del ministerio sirve para abrir esa nueva etapa, bienvenida sea.

Si se limita a cambiar una estructura burocrática por otra, dentro de algunos años Bolivia seguirá discutiendo exactamente lo mismo.

Y eso sí sería una oportunidad perdida.

Portal de América

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