Es de esperar que con la nueva conducción este organismo pueda pasar a cumplir con eficiencia la importante función que le compete ya que a lo largo de los años, independientemente de las personas o de los diferentes signos de gobiernos nacionales ha quedado en el debe.
En el presupuesto nacional no se tiene en cuenta la recomendación de la OACI, la maáxima autoridad internacional de aviación civil en lo referente a lo que deben hacer los países con la recaudación que genera la aviación civil, o sea: REINVERTIR en la actividad esos ingresos.
Los datos que tenemos de antes de la pandemia eran que el organismo recaudaba una cifra superior a los 50 millones de dólares y para su presupuesto se le asignaban apenas poco más de 3 millones a la DINACIA.
En una actividad como la aviación civil, si no hay presupuesto, no hay aviación civil (redundancia intencional).
Entonces a dos por tres tenemos paros de controladores aéreos, o nos quedamos sin radares; seguimos sin invertir en el ILS que posibilite que Carrasco pase a Categoria 3 y reduzca de manera notable la vergonzosa cantidad de vuelos alternados a Ezeiza y otros aeropuertos con el consiguiente trastorno para los pasajeros, las aerolíneas y los aeropuertos.
Con el Brigadier Battagliese aún no pudimos comunicarnos, pero nobleza obliga, al igual que con sus antecesores Antonio Alarcón y Daniel Olmedo, siempre tuvimos la puerta abierta de su oficina y su disposición para comunicarnos, pero en todos los casos, las limitaciones de todo tipo que insólitamente tiene ese cargo.
Estamos muy mal en aviación civil en Uruguay.
Con la Coalición Multicolor, con la Coalición del Frente Amplio, únicamente Mandrake o Coperfield, podrían haber logrado resultados.
La mejor de las suertes al Brigadier General Leonardo Blengini, estamos a su disposición desde este mismo momento.
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