Domingo, 07 Enero 2018 21:36

Así desaparece el tejido hotelero urbano en Europa

Hace cuarenta años, Europa prácticamente no tenía cadenas hoteleras. Los alojamientos eran casi exclusivamente empresas familiares, algunas mejor, otras peor gestionadas. Olvídense de la homogeneización, de características comunes, de particularidades que se repitan. Cada hotel era una sorpresa. Todos en edificios céntricos, antiguos, de pocas habitaciones, con una oferta profundamente heterogénea. España era un ejemplo, pero para mí, Francia era el mejor ejemplo de esta forma de ofrecer alojamiento: hoteles antiguos, clásicos, independientes. Todo el país estaba igual.

 

 

 

 

Entonces aparecen algunas cadenas hoteleras, de las cuales Accor –Sofitel, Ibis, Mercure, Novotel– es la más conocida. Accor empieza a construir en las periferias y empieza a cambiar el panorama. Visto uno de sus hoteles, vistos todos, porque todos son como gotas de agua. Pero todos tienen una media muy superior de habitaciones. Su primera gran ventaja sobre los hoteles del centro es la posibilidad de aparcar, que destroza a los pequeños. Y, por supuesto, se incorpora más profesionalidad cuando las marcas son de gama alta, sin personal cuando son de menor nivel.

 

Cuarenta años después, AirBnB le da la puntilla a lo que quedaba del sector hotelero tradicional y urbano. Y Francia sigue siendo el ejemplo. Según los datos oficiales de 2016, Francia vio cómo 450 hoteles cerraban. Si descontamos las aperturas, el país perdió más de 200 hoteles, que es mucho para un país turístico.

 

¿Por qué cierran tantos hoteles en Francia –y cuando se dice Francia, se dice Europa- en el mismo segmento hotelero?

 

En primer lugar, porque el negocio no va. O, mejor dicho, este negocio, así, concebido como siempre, no va. Es lo que aduce el 36 por ciento de los que han cerrado. El 28 por ciento aduce jubilación, lo cual es cierto pero también denuncia que los herederos de la propiedad no han visto en este negocio nada atractivo para mantenerse en el mercado. El resto ha optado por reconvertirse en viviendas, y en algún caso para renovación y posterior reapertura.

 

Este es el destino que están teniendo los hoteles familiares que llenaban Europa y a quien los Booking está estrujando hasta exprimirles las últimas gotas de su capacidad. Porque, a sus problemas hay que añadir la comercialización que hoy prácticamente sólo pueden hacer de la mano de las grandes OTAs.

 

450 hoteles cerraron pero sólo abrieron 132 en Francia. Y estos son diferentes. En su mayoría pertenecen a cadenas, son hoteles estándar, ofrecen lo mismo que los demás. Y, en general, son más grandes. No todos están en la periferia, pero siempre están organizados a partir de la accesibilidad con coche.

 

Como Francia, Europa. Como Europa, España. Los hoteles urbanos familiares, pequeños y sin marca, siguen en retroceso. Las cadenas, con un producto previsible, con economías de escala, con capacidad para estandarizar, dieron su primer golpe al pequeño hotelero urbano. Sólo sobreviven los mejores, los grandes, los que han sabido ponerse al día.

 

Pero eso es nada al lado del ataque que supone ahora Airbnb: para ese público que no quiere productos estándar, que quiere el centro de la ciudad, ahora Airbnb tiene una respuesta mejor, más competitiva, de más nivel. En algunas grandes ciudades donde se ha generado una presión sobre el precio de los alquileres, las autoridades han aplicado restricciones a Airbnb y compañía, pero eso no impide que la norma sea la competencia abierta de este tipo de oferta de apartamentos, crítica para ese modelo de hostelería.

 

Hay otros factores que agravan la presión sobre el empresario hotelero tradicional: las inversiones en los centros urbanos para modernizar los hoteles es cada vez más fuerte, los problemas para comercializar son igualmente más intensos y, finalmente, el viajero es cada vez menos fiel a un producto, por lo que nos encontramos con que el riesgo es muy importante.

 

Portal de América - Fuente: preferente.com

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