Domingo, 23 Septiembre 2018 17:49

Destinos y...destinos

“Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” es un recurrente lamento-catarsis de los ciudadanos mexicanos. Con respecto a turismo, la proximidad se diluye y uno constata las distancias siderales existentes. No es esta reflexión editorial el espacio idóneo para teorizar acerca de las razones que llevan a que de un lado de la frontera sea primer mundo y del otro, tercero (cuando hablamos de esto, siempre nos preguntamos  si existe el segundo). Pero sí cabe, señalar las mencionadas diferencias.

 

 

por Sergio Antonio Herrera, de su viaje a Estados Unidos y México

 

 

Rent a car y autoservicio
En Los Angeles y en Niágara, teníamos reservas y no demoramos más de 10 minutos entre la llegada al mostrador y dirigirnos a buscar el auto. En Miami hubo un error ajeno a nosotros en la reserva y directamente nos dijeron: “No hay solución,  no tiene auto”. Más allá de la bronca, salimos del counter de esa alquiladora y fuimos a otra. Fueron incluso menos de diez, los minutos empleados en contratar otro coche, pagarlo y salir. Cuando llegamos a Cancún, donde teníamos señados desde varios meses atrás dos vehículos para toda la familia, demoramos MÁS DE UNA HORA en salir de Thrifty Rent a Car. Exasperante lentitud burocrática.

Taxis
Los pocos que tomamos en EEUU, nos cobraron lo que indicaba el taxímetro y nos dieron un servicio profesionalmente muy correcto. Salvo en un caso por la propina (Las Vegas): marcaba once y le dimos doce dólares pero el señor quería dos dólares de gratuity y no uno. Pocas cosas nos rebelan más que esto. Nos mantuvimos en la nuestra, el taxista nos devolvió el dólar y nos dijo indignado: “Esto es Vegas”. Tomamos nota.
Cuando desde Cancún tomamos el ferry para Isla Mujeres, no reparamos que el puerto de salida fue Playa Tortugas. Al regresar, presentamos los tickets y nos preguntaron: “Playa Tortugas?”, dijimos que no, “vamos a Cancún” agregamos. Y nos dejaron en Puerto Juárez. Asumido el error propio aceptamos la propuesta de dos taxistas de llevarnos al lugar donde habíamos dejado los vehículos y alli empezaron los problemas que no terminaron en tragedia por pura suerte. El que íbamos nosotros arrancó “alto del piso” sin aguardar que saliera el otro y le pedimos que esperase que así sucediera. No sólo no nos hizo caso sino que contestó de pésima manera y continuó acelerando, inclusive mofándose de nosotros junto a su colega, en comunicación con la otra unidad: “no saben ni adónde van pero quieren ir juntos”. El intercambio no fue nada amistoso como pueden imaginar. Más allá de supuestos machismos, en situaciones como ésta, de disfrute en familia en un país ajeno, la lógica indicaba tragar saliva, contar hasta mil y “dejarla pasar”. El cierre, pintó la calaña del taxista. Se subió al coche, pasó a nuestro lado y entreabriendo la puerta vociferó un insulto que no comprendimos, rematando con: “estamos en México!!”, partiendo de apuro, de puro macho...

Esta es la matrícula del taxi cuyo chofer fue tan grosero e irresponsable. Fue tomada esta imagen el martes 17 de setiembre a las 18.10 en Zona Hotelera de Cancún. 

Este es el otro coche, desde el cual escuchamos "no saben adónde van pero quieren ir juntos"

 

Seven eleven de USA a México
No, nos pusimos a jugar a los dados, este es el nombre de una importante cadena de tiendas de autoservicio donde se puede comprar casi de todo. En Estados Unidos fue casi obligatorio visitarlos de vez en cuando para comprar bebidas, algún sandwich o similares y la atención siempre impecable. Desde Playa del Carmen, reencontrados con la familia que llegó desde Uruguay,-nietada incluida-, preparamos la consabida conservadora con fruta, bocaditos, agua y hielo para cruzar a Isla Mujeres y disfrutar las aguas caribeñas sin sargazo. Bajamos del ferry y en el breve trayecto a la playa nos topamos con un Seven Eleven. Casi demoramos lo mismo que en la rentadora. La ineptitud del encargado fue rematada cuando luego de registrar varios refrescos, le pedimos vasos descartables. No encontró la forma de escanearlos pero en las maniobras para lograrlo, a pesar de nuestras protestas, metía una y otra vez sus dedos dentro de los vasos. Sí, imaginaron bien, bebimos desde el pico de las botellas.

Propinas
El sistema en Estados Unidos linda entre lo abusivo y lo ilegal. Sobremanera en los restaurantes, la “gratuity” viene, más que sugerida como reza en los tickets, incluida en la adición y no se trata del universal 10%, no; arranca con el 18% y va subiendo. En una cena en La Espanola Way, en el South Beach de Miami, siendo tres, habíamos consumido 56 dólares en tres platos y la cuenta vino por 156... Eran 12 dólares cada uno de tres chops de Stella Artois (el promedio es 7); 10 una botella de agua (el máximo hasta alli había sido 5) y 22 de gratuity... Obviamente que la adición fue modificada. Fue en Hostería Roma, para tener en cuenta.

Lindo lugar, se come bien pero...te matan

 

Los hoteles
Cada uno tiene su onda y hay que adaptarse o...adaptarse.
En ninguno (salvo en el Edison Times Square y el St. James en New Orleans) nos ayudaron con el equipaje al ingresar. Son los menos los que incluyen el desayuno y en estos casos no hay regla, se puede ir desde el excelente breakfast del Cornell Hotel de France de San Francisco con croissants como en París y Piaff o Aznavour de fondo, al café en vaso de cartón del Hotel 140 de Boston y unos bollos dulces poco recomendables. Se puede demorar bastante en el check in, por ejemplo como en el Venetian de Las Vegas pero, nada, ni un minuto en el check out, la factura llega a la habitación poco antes de salir, cargado el importe a la tarjeta requerida al ingresar. Capítulo aparte el Washington Park South Beach de Miami. Fue el último en ser utilizado y el único que cobró con anticipación de unos cuantos días. “Es obligatorio”, nos respondieron cuando rechazamos el cargo por amenities de 28,50 dólares por persona. No teníamos tiempo de ir a la playa ni de pasear en la breve estadía de menos de 48 horas, pero debimos pagar por toallas, reposeras, bicicleta y otros.
Al ingresar al Barceló Maya Beach, en la Riviera, desde donde escribimos esta nota, casi una hora para hacer el check in. Eso sí, primero pagar, luego los datos. Y una para todos los "contras" de la tasa turística de Montevideo: toda esta zona está afectada por el denso sargazo, ese aluvión de algas que afea las costas del Caribe. Sin embargo, el gobierno local no tuvo reparos en imponer una tasa turística de un dólar diario por habitación y la cobran cash, al entrar nomás.

Los "chapadores"
No sé como los llaman en México, pero en Uruguay, más precisamente en Montevideo en nuestras épocas de agentes de viajes, a quienes estaban al acecho de la llegada de turistas y los acosaban ofreciéndoles hoteles, excursiones, cueros, y demás, les llamábamos chapadores (de chapar, abordar, agarrar).
Pasa en muchas partes del mundo, una vez en Nassau llegaron a asustarnos al bajar de un crucero, por la cantidad y la agresividad. Aquí en México son muy particulares, como en todos lados, "atacan" con todo al principio pero, son muy respetuosos ante la negativa.No insisten.

 

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