Viernes, 19 Enero 2018 22:18

Hasta siempre Claudio, nos vemos

Se fue con 57 años. Por lo tanto, en 1978 Claudio Paolillo tenía apenas 18, cuando compartíamos la mesa de Control de edición en el legendario diario El Día. Hace algún tiempo nos referimos a ello, con motivo de la muerte de Jorge Batlle, y en una parte decíamos: "La enorme mesa de madera con lugar para más de ocho "controladores" la compartíamos entre otros, con Chocho Buzzo que era además uno de los jefes de redacción; el especialista en turf Cacho Larrosa; el pintoresco periodista "Gaucho" Molina; el Flaco Luján y miren además, que trío: Carlitos Martinatto el exGrey Publicidad, ahora con emprendimiento propio; el renombrado colega Roger Rodríguez y el actual director de Búsqueda, Claudio Paolillo". Aquel joven nos deja hoy, siendo uno (o el uno) de los grandes periodistas del Uruguay. En una encuesta de un tiempo atrás, realizada por una empresa de comunicación nos preguntaron el nombre de nuestro periodista preferido y no dudamos un instante, escribimos Claudio Paolillo. Para quienes ejercemos periodismo de opinión, Claudio ha sido un faro, un ejemplo a seguir, por coherencia, independencia y "aquello" que hay que tener en muchas circunstancias de esta profesión. Pero el relacionamiento no se detiene en aquellos legendarios días del año 1978, por eso, como homenaje a su memoria, compartimos lo que nos dio Claudio, además de la enormidad que significaba leer sus columnas o sus editoriales cada jueves, nos dio lo que solamente dan los grandes, los que no temen a la chiquita y mucho menos a "avivar giles". Nos dio lo que dan los grandes de espíritu, nada menos que su tiempo y su solidaridad.

 

 

Allí está en primera fila, entre Don Eugenio Yunis y Marcelo Risi

 

En nuestra permanente lucha contra lo molinos de viento del sistema que penalizan a los independientes y coherentes, además de colaborar con la capacitación y/o educación continua de los actores del sector, periódicamente nos jugamos a la realización de eventos en los que predominan las charlas magistrales, las disertaciones de nivel y en un medio acotado como el nuestro, cuesta bastante pero siempre se encuentra a esos seres como Claudio que -desinteresadamente- nos regalan su tiempo y su conocimiento, para enriquecernos.

En 2010 organizamos en Piriápolis la segunda edición de OBJETIVO TURISMO y además de publicar sin cargo en Búsqueda varios avisos promoviendo el evento,  entre un panel de excelencia de disertantes, estuvo Claudio Paolillo en el cenit de su carrera. Y contó como prólogo de su brillante charla, el motivo que lo había llevado a aceptar la invitación y no era otro que su recuerdo de aquellos días difíciles -posteriormente nos dimos cuenta que fueron gloriosos- compartidos en el diario El Día.

En 2014, cuando estaba pronta la aparición de nuestro libro, el que pisa tantos callos y tanta contracorriente ha sorteado, Pluna, el riesgo de volar alto le pedimos nos ayudase en la difusión del lanzamiento y desde el primer momento nos dijo que contábamos con ello. La presentación se realizó en el Radisson Montevideo el lunes 19 de mayo y habíamos coordinado acciones promocionales para el jueves anterior (la nota de Búsqueda); el viernes, en un segmento de entrevistas de gran notoriedad en ese momento, en un canal de aire montevideano y el sábado, en un exitoso suplemento de un matutino de gran tiraje de la capital. Por diferentes motivos (llamémosle motivos), la única acción que quedó en pie fue la de Búsqueda, a pesar que en ese momento Claudio se encontraba en el exterior (Panamá).

Guardamos para el final, lo que creemos que es más importante y es la gran pérdida que representa la partida de este gran periodista, de este gran ser humano.

Hoy, con la miseria envolvente de las redes sociales, en el periodismo nacional son cada vez menos los colegas que pueden -y quieren- ser independientes y coherentes. En los medios masivos en la presente coyuntura, es muy difícil hacer abstracción de la opinión individual versus contenido general. La cada vez más precaria recaudación proveniente del auspicio publicitario y de la venta de ejemplares, torna muchas veces incomprensibles determinados contenidos que solo pueden explicarse por la vía de las necesidades comerciales. Al menos a nuestro criterio, no era ese el caso de Paolillo.

Queda ese gran vacío que provoca la muerte de los grandes de verdad.

Por la distancia, será imposible que podamos estar para despedirlo personalmente, por ello, desde este lado del gran charco, el más sentido pésame a su familia y allegados.

Q.E.P.D.

Sergio Antonio Herrera, desde Madrid

Portal de América

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