Martes, 14 Noviembre 2017 10:02

Senador Bordaberry: "algún señor senador dijo: «a mí no me gusta Campiani». Yo hoy digo: «a mí no me gusta López Mena»"

Senador Bordaberry: "algún señor senador dijo: «a mí no me gusta Campiani». Yo hoy digo: «a mí no me gusta López Mena»" El País

El diario de sesiones de la cuadragésima sesión ordinaria del Tercer Período de la XLVIII legislatura, presidida por la senadora Lucía Topolansky, contiene todo lo expresado por los legisladores en esa oportunidad. En el sumario, en el punto 9 del orden del día estaba el tratamiento del tema titulado: "TERMINAL FLUVIOMARÍTIMA", proyecto de ley por el que se enajenan dos padrones ubicados en el predio con frente a la rambla Costanera Sur de Montevideo, conocido como Predio Mauá. La inclusión del tema en la sesión de referencia por parte de la fuerza política que gobierna Uruguay, el Frente Amplio, volvió a esta cámara extrañamente, luego que el Procurador del TCA, Tribunal de lo Contencioso Administrativo, como ya informara el PDA,dictaminó que debía rechazarse la demanda presentada por López Mena por la anulación de la decisión del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que no prorrogó el plazo del contrato de concesión por la Terminal del Puerto de Montevideo. En ese artículo agregábamos: ""El Señor de los Barcos" demandó al Estado por esta causa, hecho que todos (especialmente los gobernantes) parecen haber olvidado, al igual que la hazaña del Caso Pluna. Curiosamente, conocido el dictamen, parecería que el parlamento apuró la máquina, para así adelantarse a un eventual fallo negativo a López Mena, que en los hechos inhabilitaría que el gobierno enajenara por ley los padrones dado el escándalo que ello significaría, ya que debería llamarse a licitación por la explotación de la terminal del Puerto de Montevideo". Siempre que encaramos temas relacionados al siniestro palmarés del "Señor de los Barcos", nos preguntamos ¿cómo es posible que los medios masivos no se ocupen de esto?. Hace mucho tiempo que tenemos la respuesta pero...igual, nos lo seguimos preguntando.

 

 


Cuando todo parecía indicar que la votación sería un trámite para la aprobación de la enajenación de dos padrones en el área, según supimos por la cobertura de El País, surgió la oposición del senador Pedro Bordaberry. Resumidamente, los colegas informaron: "Entre las objeciones para otorgarle al empresario esos padrones, el senador colorado Pedro Bordaberry señaló dos elementos: que habrá “un monopolio de hecho, o abuso de la posición dominante, y por los antecedentes” de López Mena, a raíz del remate de los aviones de la ex Pluna".

Pero la intervención del exministro de Turismo y actual senador, contuvo mucho más de lo que aparentaba esa información. Para el Portal de América y para el autor de este artículo tiene un significado muy especial compartir con los lectores la parte más relevante de la intervención de Bordaberry dado que sus dichos vienen a confirmar rotundamente mucho de lo adelantado por nosotros en este sitio y en el libro "Pluna, el riesgo de volar alto".

Pasamos a compartirlo:

PRIMERA PARTE

"Señora presidenta: no vamos a acompañar este proyecto, principalmente por dos órdenes de motivos.
El primero es una cuestión de política en general. Nosotros creemos en la libre competencia y en que tiene que haber competencia en la mayor cantidad de áreas de la economía posible, especialmente entre los privados. Todos sabemos que hay dos formas de evitar que haya competencia. La primera es estableciendo un monopolio desde el punto de vista legal; la Constitución marca el camino para hacerlo. La segunda es a través de los denominados monopolios de hecho o a partir del abuso de la posición dominante. En este caso, quien ha iniciado el trámite para la terminal fluviomarítima es, notoriamente, la empresa que brinda en exclusividad, o casi en exclusividad, el servicio de transporte de pasajeros entre Montevideo y Buenos Aires. A esa misma empresa le estamos dando la terminal del puerto de Montevideo. Entonces, si uno aspira a que siempre haya competencia, parece difícil que el día de mañana alguien quiera poner una competencia cuando resulta que el principal operador y su competidor va a ser el dueño de la terminal. Imaginemos todo lo que se puede hacer en ese caso en cuanto a demoras, servicios que se presten mal, etcétera.
Eso sí, estamos totalmente a favor de las concesiones. Es más, creo que en las dos concesiones más exitosas que tuvo el Uruguay en los últimos tiempos, que fueron las de las terminales del Aeropuerto Internacional de Carrasco y de Cuenca del Plata, tuvimos la enorme suerte de haber integrado los equipos en los momentos en que se hicieron los llamados. Y en esas oportunidades nos cuidamos de que los usuarios de las terminales no fueran sus dueños, es decir, que American Airlines o Iberia no fueran los dueños de la concesión del Aeropuerto Internacional de Carrasco. Evidentemente, eso hubiera sido una equivocación, porque lo que queríamos era que hubiera competencia en la prestación de los servicios aéreos y el dueño de una terminal está en una posición muy favorable para poner condiciones a los demás, fijar los horarios de llegada, tiempos, servicios, etcétera.
Por tanto, nos parece muy malo que el principal o el único prestador de servicios de transporte de pasajeros se quede por cincuenta años con la terminal. Me pregunto: ¿alguien le va a competir?
Tampoco se nos ha dicho –y ojalá lo supiéramos– si el Banco República va a volver a poner dinero en esta empresa. Esperemos que no, porque esto es muy sencillo: se consigue la terminal, se dice que se va a hacer la inversión y después se sale a pedir plata. En definitiva, se hace una obra con terrenos que son de los uruguayos, con eso se financia, la empresa le pide un préstamo al Banco República y se queda con el mercado. No me parece que sea el camino, y menos de esta forma. ¿Cuánto valen esos terrenos? ¿Alguien lo sabe? ¿Cuántos pisos se van a construir? ¿Cinco, ocho, diez, veinte? ¿Se van a hacer edificios de apartamentos para vender o no? ¿Alguien está en condiciones de asegurar que no va a ser así? ¿Van a hacer solo un hotel? No me parece que esto sea bueno. Insisto, sí creo que es buena la concesión y la obra, pero no me parece bueno que sea el usuario el que tenga el control, porque estará en una posición que no va a permitir que haya competidores.

SEGUNDA PARTE

El segundo orden de motivos por los cuales no vamos a acompañar este proyecto de ley son los antecedentes del señor que ha hecho este pedido al Estado. Lo digo con todo respeto, pero los antecedentes no me satisfacen, y no porque me lo contaron, sino por experiencia personal. No estoy diciendo que tenga un problema conmigo, sino que me tocó tratar con bastante asiduidad con esta empresa. Los conocí en 2000 o 2001, estando en el Ministerio de Turismo, y en aquel entonces venía gente a cada rato a quejarse del abuso de la posición dominante que esta empresa hacía. Vendía el paquete del hotel y el restaurante uruguayos con el pasaje y hacía publicidad en Argentina. Obviamente, el transportista tenía un peso enorme en cuanto a la venta del hotel de este lado, y el pasaje valía una cosa para el que estaba en el paquete de la empresa y otra para el que no. No miremos para otro lado en estos casos. Todos sabemos que si uno incluye el pasaje, el hotel y la comida, tiene una ventaja. Así, había vendido, en aquel entonces, una cantidad de noches de hotel uruguayas, las cobraba al contado e iba estirando los plazos de pago a los operadores turísticos de nuestro país. Tanto fue así, que varios vinieron a quejarse y me pedían que los ayudara a cobrar, porque hacían lo que muchas veces hacen las grandes superficies: venden contado y pagan a treinta días; un día, pagan a sesenta; un día, pagan a noventa, etcétera. Ahí hay un beneficio y dicen que es donde está el negocio. Ahora bien, si una gran superficie hace eso, de repente hay otra gran superficie a cinco cuadras que lleva adelante otra política. Pero acá no hay otra empresa que traslade pasajeros, y más aún, en ese momento era el que fijaba las condiciones. Recuerdo haber tenido discusiones grandes sobre este tema y sobre esa posición dominante. En algún momento hasta había evaluado hacer las denuncias correspondientes.
También en aquel entonces esta empresa tenía una fuerte deuda con la Administración Nacional de Puertos por la terminal vigente. Hubo que hacer acuerdos de todo tipo para tratar de que cumpliera. Eran momentos duros, pero no cumplía.
Recuerdo que en determinado momento, cuando la empresa les debía a los operadores turísticos uruguayos y a la Administración Nacional de Puertos, me invitó a la inauguración, en Montevideo, de una oficina que estaba abriendo en Madrid con una gran inversión, y yo no fui; me negué a hablar. ¿Cómo iba a ir a aprobar la apertura de una nueva oficina con inversión, cuando no se pagaban las cuentas locales? Recuerdo que se enojaron conmigo por eso.
Lo siguiente pasó a fines de 2004. Se estaba por vencer el contrato de la terminal de Montevideo y me vinieron a ver para que lo extendiéramos. En aquel entonces se pagaba más o menos USD 700.000 por año y la empresa quería pagar USD 70.000. Acá muchas veces me dicen: «lo que hizo su partido en el Gobierno». Puedo decir lo que yo hice mientras estuve en el Gobierno: me negué, señora presidenta. Para mí, terminaba preso. Estaban pagando USD 700.000 –además, en pleno período electoral– y la empresa quería que lo bajáramos a USD 70.000. Además no podíamos hacerlo en un Gobierno que se estaba yendo. Recuerdo que el presidente Batlle estuvo de acuerdo en no hacerlo y el ministro de Transporte y Obras Públicas también. Nos parecía una locura. Después, el nuevo Gobierno lo hizo.
Cuando ayer discutíamos sobre el «voto Buquebus» y la necesidad de regular las empresas de transporte público, nos acordábamos de estas cosas, señora presidenta. Actuamos bien, defendiendo los intereses del Estado frente a esta empresa; no le bajamos el canon anual que pagaba, y después tuvimos que pagar pasajes más caros. Y bueno, son las formas de encarar las cosas en la vida, me parece.
Pasó el tiempo, me retiré de la política después de 2005 y retorné en 2009. Acá estaba el señor senador Moreira y nos pusimos a trabajar en el problema de Pluna. ¿Recuerdan los que fueron legisladores en el período pasado? Señora presidenta, usted era legisladora, ¿se acuerda de la cantidad de interpelaciones que tuvimos por Pluna? Era la Pluna de Campiani –¿lo recuerda?–, aquel empresario del que algún señor senador dijo: «a mí no me gusta Campiani». Yo hoy digo: «a mí no me gusta López Mena». Creo que todos tenemos el derecho a decir quién no nos gusta y quién nos gusta, y decirlo valientemente. A mí no me gusta López Mena. Y no me gusta, pese a que había decidido dejar atrás aquellas diferencias que habíamos mantenido por el abuso de posición dominante, por lo que nos tocó vivir con el señor senador Moreira. Recordará, señora presidenta, algunas de las incidencias en las que tratamos de colaborar.
Por ejemplo, en determinado momento vino un proyecto de ley sobre Pluna y nos dijeron que la empresa debía USD 3.500:000.000 en Brasil y que había que cerrarla rápidamente. Luego fueron quince y después parece que fueron tres, pero no USD 3.500:000.000. Entonces, el Gobierno de la época resuelve rematar los aviones de Pluna. Vino el ministro de Economía y Finanzas de la época, también debe haber venido el ministro de Transporte y Obras Públicas –que está hoy aquí–, y en ese momento se sacaron a remate los aviones con una base de USD 130:000.000. Y yo, que trato de ser prolijo –podremos coincidir o discrepar, señora presidenta, pero uno trata de ser prolijo y estudiar–, pregunté por qué se había fijado esa base. Me dijeron que era lo que Pluna debía al Estado uruguayo por la garantía. Entonces les contesté que hay un principio que establece que el valor de las cosas no está dado por lo que uno debe. A veces la garantía es mayor; a veces la garantía es menor. Le escribí un correo electrónico a un amigo que tengo en España y otro a un amigo que tengo en Italia, les pasé las características de los aviones y me respondieron que esos aviones no valían USD 130:000.000, sino que, con suerte, valían USD 80:000.000, pero además me dijeron que no había mercado en ese momento.
Este señor, de la empresa que ha pedido esto, tenía una aerolínea en ese momento. Entonces pensé: «Le voy a preguntar a él». Llamé y le dije: «Discúlpeme, usted que está en el mercado, ¿cuánto vale esto?». Y me contestó: «El que paga más de USD 80:000.000 está lavando dinero». Entonces, me tiré al agua. Cuando vino el ministro de Economía y Finanzas, le dije: «No ponga la base de USD 138:000.000. Ponga una base de USD 80:000.000 o no ponga base, porque es lo que vale». Me acusaron de todo: de que no quería defender al Uruguay y de no sé cuántas cosas más.
Se va a hacer el primer remate con este señor, y resulta que se suspende tres o cuatro días antes. Cuando me preguntan, digo que se suspende porque con una base de USD 138:000.000 no hay oferentes y que esos aviones no valían más de USD 80:000.000. Sin embargo, al rato, cuando se hace el segundo remate, se remata en USD 138:000.000. Fue el famoso remate del caballero de la derecha, allá en el Prado. ¿Se acuerdan? En ese momento pensé: «¡Cómo le erré!». Me dijeron que valía USD 80:000.000 y se remató en USD 138:000.000. Entonces, fui a hablar con los que me habían dicho que valía USD 80:000.000. Hablo con mi amigo de Italia, y me dice: «No puede ser». Hablo con el de España, y también me dice «No puede ser». «Sí, mirá, lo compró una empresa española», le respondo. Me pregunta: «¿Qué empresa?», y le contesto: «Cosmo». «Acá no la conoce nadie», me dice. «Bueno, averiguame», le digo.
Llamo al señor que también me había hablado de USD 80:000.000, el dueño de esta empresa, y me dice: «Sí, es una barbaridad, pero hay que trabajar para que los inversores se queden en el país». Me sonó raro. Averiguo más en España y me dicen: «Mire que la gente de Cosmo estuvo metida en un problema grave en Marbella». Terminó presa una actriz. ¿Se acuerda de Isabel Pantoja, señora presidenta? Fue presa, porque se había enganchado con el alcalde de Marbella y habían lavado dinero. ¿Y quién estaba metido? Uno de los fundadores de Cosmo.
Junté toda la información y la comuniqué. ¿Se acuerda, señora presidenta, que se la llevé a su despacho y al de la señora senadora Xavier? Fuimos con el señor senador Larrañaga, y creo que con el señor senador Heber y el señor senador Amorín. Y les dijimos: «No vamos a hacer ruido. Vamos a aportar. Miren que con Cosmo pueden tener un lío». En ese momento nadie sabía quién era Cosmo. Nosotros les llevamos la información y nos quedamos quietitos, tomando mate, como el que tira el anzuelo en la laguna y deja que se lleve la boya a ver si prende la tararira. ¡Para qué! ¿Quién era Cosmo? Era el señor al que ahora se le está dando estos terrenos en Montevideo por este proyecto de ley. Cuando le pregunté a este señor, a quien lo había representado –y nos había mentido a todos–, quién era Cosmo, me respondió: «No la conozco». Me dijo que no conocía a Cosmo.
Después de eso saltó todo, obviamente. Había negociado el aval con el Banco República; había estado metido; el representante de Cosmo era amigo del hijo, compañero de clase, y todas esas cosas que se saben, señora presidenta. «Poderoso caballero es don Dinero».
Hoy le estamos votando que le vamos a dar la terminal por cincuenta años. Hoy le estamos votando que le vamos a dar los terrenos más valiosos de Montevideo. ¿Y ustedes me piden que lo vote? En serio, estoy hablando con el corazón acá. No puedo votarlo, señora presidenta. Le soy bien franco. Podrán estar de acuerdo conmigo o no, pero creo que podrán coincidir en que tengo muy buenos motivos como para no votar este proyecto de ley. Seguimos con el mismo señor viniendo acá a pedir cosas. Terminaron procesados el ministro de economía de la época y el presidente del Banco República en aquel caso y ¿vamos a darle los terrenos a este señor? Yo creo que no debería ser así. No deberíamos darle ese beneficio.

TERCERA PARTE
Por todo eso y con todo respeto –porque me parece que hoy aquí voy a ser minoría absoluta–, no voy a acompañar este proyecto de ley. Me parece que es inoportuno y, además, creo que es una paradoja del destino que este proyecto haya integrado dos veces el orden del día junto con el proyecto de financiación de los partidos políticos.
Quiero destacar que ha estado involucrado fuertemente con todos los Gobiernos –el de mi partido también–, pero cuando a mí me tocó integrar el Gobierno defendí los intereses del país y lo enfrenté. Me parece que no deberíamos aprobar este proyecto.
Creo que era el poeta español Francisco de Quevedo quien decía: «Poderoso caballero es don Dinero. […] Hace todo cuanto quiero».
Gracias.

N. de R.: Mientras esto sigue ocurriendo en nuestro sistema legislativo, el judicial tiene adormecido hace MÁS DE TRES AÑOS el expediente de Pluna, curiosamente desde que las declaraciones de Hernán Antonio Calvo Sánchez, involucraron directamente a López Mena y al gobierno de José Mujica.

Portal de América - por Sergio Antonio Herrera

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