Lunes, 25 Junio 2018 21:03

Educación y Rigideces aplicadas al turismo y transporte aéreo

“…De un mercado laboral diseñado para trabajos que partían de determinados conocimientos y se extendían a lo largo de toda la vida, en un mismo lugar, pasamos a un escenario en el que lo más frecuente es la disrupción continua, la velocidad del cambio y la versatilidad. La rigidez y las estructuras inamovibles dan lugar a horarios más flexibles, evaluación por objetivos y espacio para la creatividad. Siempre el progreso tuvo que ser asimilado, y adoptado, pero la diferencia es que hoy se experimenta una aceleración en estos cambios tecnológicos que, incluso, impide una correcta evaluación ética y una toma de decisiones acerca de su utilización.” Alicia Caballero, La Nación.

 

 

 

 

por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires

 

El concepto de “rigidez” tiene que ver con severidad y dureza que, en mi opinión, fue una de las características culturales que imperaron hasta hace un tiempo. Será la historia la que  encontrará el límite entre esas dos épocas, la de la cultura de los principios rígidos y la actual cultura de los principios flexibles, que no sería lo mismo que cultura liquida sobre la que tanto escribió Zygmunt Bauman.  

 

Para ese estudioso de nuestro tiempo la modernidad líquida significaría que nos hemos vuelto flexibles pero en el sentido de que no creemos en nada permanente ni fijo ni siquiera en el amor como bien, y el odio como mal.

 

Pienso que la liquidez que contamina nuestra cultura es circunstancial y más bien marca la transición entre nuevas formas de pensar la vida respetando el contenido de ciertos valores e ideas que son eternas, lo que no quiere decir que no deban adaptarse a las diferentes épocas.

 

A esto llamo “flexibilidad” y con muy pocos ejemplos como los que podemos leer en el copete sabremos de qué estamos hablando.

 

En el campo laboral hasta hace un tiempo lo esencial era cumplir horario y se castigaba como falta el incumplimiento del horario establecido. Menos importaba la calidad del trabajo de la persona, pero se presumía que si llegaba una hora tarde  esa falta grave impactaba en su mérito. Diría que la calidad se media por el cumplimiento rígido de las formalidades y por la sobriedad de la apariencia. En la Argentina existió una ley que consideraba que el uso de pelo largo y barba era  una justa causa de despido ya que personas que lucían asi expresaban un agravio a normas comunes de convivencia. Actualmente se confunde “antigüedad” con “mérito”.

 

Lo mismo ocurre cuando se habla de supuestas conquistas laborales como supuestos bienes intocables. Hay conquistas que hoy son injustificados privilegios y de la flexibilidad nacerán nuevos derechos cuya vigencia también será circunstancial.

 

Generalmente la rigidez de la formalidad es compensada con la liquidez legislativa que se la confunde con el concepto de flexibilidad.

 

Asi tenemos la ley 25864 plenamente vigente que garantiza un mínimo de 180 días de clase, pero a la vez y allí está la trampa cultural, dispone en otro artículo, el Nº 3, que “…para el cómputo de los 180 días  se considerará “…día de clase” cuando se haya completado por lo menos la mitad de la cantidad de horas de reloj establecidas por las respectivas jurisdicciones para la jornada escolar…” de donde para el Estado los 180 días podrían ser también 90.

 

Esta ley marca la diferencia entre flexibilidad como concepto válido y zoncera, estupidez o liquidez como falsedad cultural.

 

Me preguntarán ¿qué tiene que ver esta introducción con el turismo y el transporte aéreo?

 

Pienso que la cultura tiene que ver con todo lo que hacemos y en el “como lo hacemos”. Recuerdo que hace un tiempo esbocé esta idea en una reunión con gente del turismo y uno de ellos me dijo, “el turismo no tiene nada que ver con la cultura, es su opuesto” (sic).

 

Veamos porque la cultura también tiene que ver con el turismo.

 

Los controladores aereos se han convertido en un obstáculo para el transporte aéreo.

 

Leía en un portal con relación a las huelgas de los controladores que  “…Francamente, es necesario acabar con esta situación porque a todas luces se han superado todos los niveles razonables de conflictividad. No es posible que el número de huelgas se cuenten por centenares, que los problemas saturen todos los aeropuertos europeos y que tengamos que asistir impávidos a esta desvergüenza.”

 

Este ejemplo de conflictividad que tiene un costo altísimo medido en dinero para los transportadores aereos, para los explotadores aeroportuarios y para los agentes del turismo, también afecta económicamente a los pasajeros y turistas, lo mas grave es que los impacta en su tiempo vital. Todos los humanos sabemos que nuestro tiempo vital es nuestro más preciado bien y que el tiempo vital perdido, lamentablemente no  tiene recuperación; el tiempo perdido, SE PERDIÓ. No le damos valor al tiempo vital.

 

Pues bien esta cultura liquida  y a su vez absoluta del conflicto está lesionando, y esto es lo más grave, tiempo vital de la gente.

 

Claro no solo tienen la culpa los  protagonistas de las huelgas, sino también los estados que no pueden generar procedimientos legales para resolver la conflictividad colectiva laboral. Pero la culpa es también de la gente perjudicada directamente que adhiere a los principios líquidos como sinónimo de modernidad y lo que es más grave como de una supuesta adulta juventud, lo que no deja de ser un fascinante oximorón, cuando precisamente una buena juventud se vive cuando hay buenos adultos.

 

Otro caso de liquidez cultural comercial se dio con las agencias “on line”, OTAS, que imponían limites tarifarios a los proveedores de servicios hoteleros para sus ventas directas. Esto significaba que ningún hotelero podía ofrecer tarifas menores a las convenidas con el Agente on line.

 

El Tribunal de la Unión Europea ha ido flexibilizando el concepto de libre contratación declarando la nulidad de obligaciones impuestas por quien se supone es la parte fuerte del contrato, en el caso las agencias “on line”. En estos casos el Tribunal morigeró una rigidez contractual impuesta abusivamente por quien ejercía lo que se llama posición dominante.

 

Otra muestra, esta vez de inflexibilidad, es la jurisprudencia del propio Tribunal de la Unión europea sobre las plataformas para contratar servicios de transporte vehicular privado, como es el caso de Uber. Este nuevo sistema no es más que la evolución del servicio de automotores de alquiler con taxímetro, que la tecnología ha sustituido por los GPS que marca con notable exactitud la distancia recorrida y el precio respectivo, más aun lo calcula antes de iniciar el viaje.

 

Por otra parte, la misma tecnología del GPS hace innecesario contar con choferes con un conocimiento profundo de la ciudad en la que desempeñan su trabajo, a la vez que los controles generales para todos los vehículos, hacen innecesario un control especial para el servicio de taxi.

 

Por último, la obligación de contratar seguros se ha generalizado. Lo cierto es que ya no es necesario contar con una habilitación especial para trabajar como taxista, sino simplemente saber programar el GPS y cumplir con las obligaciones vigentes para circular.

 

Admitir la realidad de este nuevo sistema de servicios de transporte privado seria una muestra razonable de flexibilidad. Por el contrario mantener el criterio de rigidez significa no solo senilidad cultural, sino asimismo desconocer en los hechos la realidad de la tan mentada nueva tecnología.

 

Por último, la generalización del llamado “low cost” y su adaptación al largo recorrido es otra muestra indiscutible de la flexibilización y adaptación del transporte aéreo a las nuevas tecnologías. Los primeros en darse cuenta fueron los “low cost”, pero hoy y pruebas al canto, “todos son low cost”.

 

Ahora solo falta generalizar las nueve libertades del aire y luego comenzará otra era, vaya uno a saber con qué…

 

Como hemos tratado de demostrar lo importante es saber distinguir, rigidez y flexibilidad con estupidez y liquidez, también en el turismo y el transporte aéreo.

 

Todo esto tiene que ver con las nuevas pautas educativas que deberán consistir más que nada en prepararnos para lo distinto, para lo diferente o si se prefiere para lo disruptivo.

 

En una palabra, saber ser flexible sin afectar el significado de valores culturales.

 

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LUIS ALEJANDRO RIZZI

Argentino, residente en Buenos Aires, abogado, trabaja en su profesión asesorando empresas. Hizo secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires y la carrera en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Tiene cursos de post grado en Derecho Aeronáutico y Transporte Aéreo. Fue Gerente General de Aerolíneas Argentinas; hizo periodismo económico en Radio Mitre y Radio del Plata y escribió en diversos medios sobre temas económicos y cambiarios. Fue Profesor de Comercio Exterior en la Fundación Bank Boston. Ha dado charlas y dictado cursos en varias ciudades del interior argentino y participado en numerosos congresos y eventos en su país y en el exterior. Escribe sobre Transporte aéreo, política aérea y turística y política nacional e internacional.


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